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divendres, 26 de juliol del 2024

1. 9. De cóm Pedro Saputo va pintá la capella de la Virgen de la Corona.

Capítul IX.

De cóm Pedro Saputo va pintá la capella de la Virgen de la Corona.

De cóm Pedro Saputo va pintá la capella de la Virgen de la Corona.

O u hay ensomiat o u hay vist; yo crec que es lo segón. ¡Y en quina ocasió y cóm u vach vore! Encara me bull la sang y me se ensén lo coraje de pensáu. ¡Cobart! Allí debía morí, allí debía acabá, que esta va sé la seua intensió o lo seu aturdimén. Pero me va salvá l'ángel antic de Pedro Saputo perque sabíe que passán lo tems había de tindre la inspirassió de escriure la seua vida. Agraíxco la seua protecsió, y cumplixco lo encárrec de la Providensia.  

Tenen los de Almudévar, a la part del poble que mire cap a Saragossa, un santuari y capella de la nostra Siñora de la Corona a un puch o eixecada aon a un atre tems estáe lo castell dels moros. 

Y com la habíen renovat de la seua dixadesa y ruines van volé tamé pintala, buscán pera la obra un pintó mol afamat de Huesca, Raimundo Artigas, home melancólic, estreñit de genio, coló de fel, sec de carn, llarc de coll y cla de barbes; éste va demaná tressentes libres jaqueses per lo seu traball en la condissió que ell ficaríe los colós y l'aigua llimpia.

un pintó mol afamat de Huesca, Raimundo Artigas, home melancólic, estreñit de genio, coló de fel, sec de carn, llarc de coll y cla de barbes

U va sabé lo chiquet Pedro Saputo y se va alegrá mol perque volíe sabé de pintura, faltanli entre atres coses vore la compossisió y mescla dels colós, ya que al dibuix habíe arribat al extrem de primor y fassilidat. Va aná al mestre Artigas y li va di que lo prenguere com aprendís y criat; y la primera vegada no va volé. Pedro va rogá, suplicá, y veénlo sempre du li va di una mica enfadat pero templadamén:

- Miréu, pos, siñó mestre Artigas, que vullguéu o no vullgáu yo hay de sé lo vostre discípul; y si no, lo vostre mestre. 

Lo va mirá entonses lo mestre Artigas, va menejá lo cap y va contestá: 

- Yo tos admitixgo, chiquet Pedro, perque me es impossible fé un atra cosa obliganme una forsa secreta que no sé lo que es; pero entén que sirás lo meu discípul mentres sápigues menos que yo y may lo meu mestre encara que arribos a pintá milló que Miguel Ángel, perque per an aixó han de passá mols añs y yo soc ya vell, que ting sixanta y nou añs, y an ixa hora que me buscon al món. 

Y tots se van admirá de que lo mestre Artigas li haguere contestat tan blanamen, perque ere de condissió mol aspra, de voluntat absoluta y de opinió forta y asserada.

Van escomensá, pos, a pintá; y lo primé que lo mestre li va enseñá va sé a moldre los colós; y Pedro li preguntáe moltes vegades cóm se mesclaben y quina diferensia ñabíe dels que portáen oli als que no ne dúen, en atres coses del art. Lo mestre Artigas se importunabe, pero unes vegades de bona gana, y atres de mala, satisfée al discípul; y alguna tamé se quedabe mut o li allargáe una clatellada per resposta. Pero ell no se aburríe ni arredráe, sino que cada día procuráe servil en mes afissió y tornáe a les preguntes.

Habíen demanat los del consell al mestre Artigas que primé pintare parres y muixons y después lo que vullguere; y va pintá a la faixa del altá a la má dreta un abre en una parra y mols muixons an ella picán los raíms; y a la punta de un sarmén que fée eixí per un costat va pintá un corv. Li va di entonses Pedro: 

- Siñó mestre Artigas, si me done llissensia li diré una cosa que observo an esta pintura. La hi va doná, y va di:

Lo corv. Edgar Allan Poe.

- Astí hau pintat un corv a la parra, y los corvs mes van als muladás que a les viñes. Una garsa quedaríe milló. Se va assombrá lo mestre Artigas per l'atrevimén del discípul, y li va maná que callare y no sen ixquere de moldre los colós. Va passá un rato, y un atra vegada va di Pedro Saputo:

- Pos encara si me donáreu llissensia diría un atra cosa, siñó, mestre meu. 

- No te la dono, va contestá éste mol alsada la veu. 

- Es una cosa sense importansia, va replicá lo sagal: volía di a vostra mersé que lo corv té que pesá tan com una gallina o poc menos; y de raó hauríe de fé inclinás eixe sarmén solt, y la vostra mersé lo ha pintat tan tiesso com si fore de asser o lo corv estiguere fofo. Al sentí aixó va sé tan gran la rabia del mestre Artigas, que no podén atiná en les paraules va acudí al cacharro dels colós que teníe entre les mans y la hi va aviá en molta furia, chafanse en trossets contra enterra perque lo chiquet va esquivá lo tiro, y va di:

- No vull pintá mes, perque eres un llauradó, un descarat, un insolén, un perillán, un grandíssim bellaco. Y va cridá al poble, y ajuntanlos a la plassa los va di, que mentres tingueren al poble al atrevit de Pedro Saputo, no pintaríe la capella. Entonses Pedro Saputo va demaná llissensia pera parlá y va contá lo que habíe passat en lo seu mestre; y li van doná la raó y lo van aprobá, y no van volé que sen aniguere del poble.

- Pos men aniré yo, va contestá mol emborrascat lo mestre Artigas. 

- Anéu en hora bona, van cridá tots; pero que no se pinto la capella. Y Pedro Saputo eixecán la veu desde una pedra va di al poble: 

- Si lo mestre Artigas sen va y vatres voléu yo pintaré la capella. 

- ¡Que la pinto, que la pinto!, va cridá lo gentío. Y lo justissia y lo consell en los prohomens del poble van encarregá la pintura a Pedro Saputo. Ell entonses mol contén va di:

- Ara miréu, poble de Almudévar; yo pintaré la capella de la nostra Siñora de la Corona, pero me hau de doná lo mateix que li donáeu al mestre Artigas. Y lay van prometre. Los va preguntá qué volíen que pintare, y no sabíen qué dili. Y va torná a preguntáls: 

- ¿Voléu que pinta lo que veéu o lo que no veéu? 

Y van contestá tots: 

- Lo que no veém. 

- Pos yo, va di ell, u pintaré, y tos ha de agradá.

Inmediatamen sen va aná cap a la capella y va borrá lo que habíe pintat lo mestre Artigas, que ere poca cosa. Tres mesos va está pintán, y va acabá l' obra y va di al poble a la plassa: 

- La pintura está acabada. Ara vull que la ermita estigue vuit díes uberta pera que vaiguen a vórela tots los del poble, grans y minuts, sabuts y ignorans, y que si algú trobe defectes a la pintura me los digue pera enmendáls. Y van aná tots a vórela y ningú va trobá cap falta, sino al contrari, lo alabáen mol y díen: 

- ¿Cóm sap fé aixó lo fill de la pupila, que es un chiquet y ningú la hi ha amostrat? Pero li van di que no enteníen les escenes que habíe pintat ni la intensió de ixos cuadros. Y ell los va di: 

- Escolteume, fills de Almudévar: yo tos vach preguntá si había de pintá lo que veéu o lo que no veéu, y me vau contestá que pintara lo que no veéu. Pos be: segons ixa paraula, yo tos hay pintat a un lienzo dos cuadros; la un es un olivá, y l’atre una viña, que són coses que pera vore teniu que aná a Huesca y al Semontano; pero lo que es al vostre lloc no les veéu per dixats y dropos. 

Al atre lienzo ñan dos cuadros mes; la un es una dona de casa seua mol asseada y cuidada, mol atenta, modesta y aplicada a la seua faena y a la inteligensia de les coses del gobern doméstic, la volten dos chiquets y una chiqueta, fills seus mol grassiosos, llimpios, asseats, ben vestits y criats; que tamé es cosa que no veéu al vostre poble. Al atre ña una sogra y una nora minchán les dos a un plat mol concordes, amigues y ben animades entre elles: cosa que tampoc veéu a la aldea. Per lo voltán y per l'aire ñan bosques, fieres y muixons, nugols, y atres coses segons me s'anáen ocurrín, importabe poc que foren estes o datres. Y a dal a la bóveda o sel de la capella hay pintat a María Santíssima en les mans tancades perque no ña an este poble qui les óbrigue en orassions devotes y sinseres, y la obligo a obriles pera dixá caure damún de vatres les bendissions de que les porte plenes.

Al sentí esta explicassió se van quedá tots espantats de la sabiduría de les pintures, y van cridá mol rato en gran ardó y jubileu: 

- ¡Es verdat!, ¡es verdat! ¡Viva Pedro Saputo! ¡Viva lo fill de la pupila! ¡Viva la honra de Almudévar! Y lo van agarrá y lo van portá a muscles a casa seua alabanlo y cantán a la seua gloria y lo van presentá a sa mare y li van di que ere la dona mes dichosa del món. Ella lo va ressibí plorán de goch, y va doná a tots les grassies per aquell favor que mostraben a son fill.


Original en castellá:

Capítulo IX.

De cómo Pedro Saputo pintó la capilla de la Virgen de la Corona.

O lo he soñado o lo he visto; yo creo que es lo segundo. ¡Y en qué ocasión y cómo la vide! Aún me hierve la sangre y se me enciende el coraje de pensarlo. ¡Cobarde! Allí debí morir, allí debí acabar, que ésta fue su intención o su aturdimiento. Pero me salvó el ángel antiguo de Pedro Saputo porque sabía que andando el tiempo había de tener la inspiración de escribir su vida. Agradezco su protección, y cumplo el encargo de la Providencia.

Tienen los de Almudévar, a la parte del pueblo que mira a Zaragoza, un santuario y capilla de Nuestra Señora de la Corona en un pueyo o montecillo donde en otro tiempo estuvo el castillo de los moros. Y como la hubiesen renovado de su vetustad y ruinas quisieron también pintarla, buscando para la obra un pintor muy afamado de Huesca llamado Raimundo Artigas, hombre melancólico, estreñido de genio, bilioso de color, seco de carnes, largo de cuello y claro de barbas; el cual pidió trescientas libras jaquesas por su trabajo con la condición que él pondría los colores y el agua limpia.

Súpolo el niño Pedro Saputo y se alegró mucho porque quería saber de pintura, faltándole entre otras cosas ver la composición y mezcla de los colores, puesto que el dibujo había llegado al extremo de primor y facilidad. Fue al maestro Artigas y le dijo le tomase por su aprendiz y criado; y la primera vez no quiso. Porfió Pedro, rogó, suplicó, y viéndole siempre duro le dijo un poco despechado pero templadamente. - Mirad, pues, señor maestro Artigas, que queráis que no queráis yo he de ser vuestro discípulo; y si no, vuestro maestro. Miróle entonces el maestro Artigas: meneó la cabeza y respondió: - Yo os admito, niño Pedro, porque me es imposible otra cosa obligándome una fuerza secreta que no sé lo que es; pero entended que seréis mi discípulo mientras supiéredes menos que yo y nunca mi maestro aunque lleguéis a pintar mejor que Miguel Ángel, porque para eso han de pasar muchos años e yo soy ya viejo, que tengo sesenta y nueve, y a esa hora que me busquen en el mundo. Y todos se admiraron de que el maestro Artigas le hubiese respondido tan blandamente, porque era de condición muy áspera, de voluntad absoluta y de opinión fuerte y acerada.

Comenzaron, pues, a pintar; y lo primero que el maestro le enseñó fue a moler los colores; y Pedro le preguntaba muchas veces cómo se mezclaban y qué diferencia había de los que llevaban aceite a los que no llevaban, con otras cosas del arte. El maestro Artigas se importunaba, pero unas veces de buena gana, y otras de mala, satisfacía al discípulo; y alguna también se le quedaba mudo o le alargaba un pescozón por respuesta. Mas él no se aburría ni arredraba, sino que cada día procuraba servirle con más afición y tornaba a las preguntas.

Habían pedido los del concejo al maestro Artigas que primero pintase parras y pájaros y después lo que quisiese; y pintó en la faja del altar a la mano derecha un árbol con una parra y muchos pájaros en ella picando las uvas; y en la punta de un sarmiento que hacía salir por un lado pintó un cuervo. Díjole entonces Pedro: - Señor maestro Artigas, si me dais licencia diré una cosa que observo en esta pintura. Diósela, y dijo: - Ahí habéis pintado un cuervo en la parra, y los cuervos más van a los muladares que a las viñas. Asombróse el maestro Artigas por el atrevimiento del discípulo, y le mandó que callase y no saliese de su molimiento de los colores. Pasó un rato, y otra vez dijo Pedro Saputo: - Pues aun todavía si me dieseis licencia diría alguna otra cosa, señor, maestro mío. - No te la doy, respondió éste muy alzada la voz de punto. - Es una friolerilla, replicó el muchacho: quería decir a vuestra merced que el cuervo debe pesar tanto como una gallina o poco menos; y de razón había de hacer inclinar ese sarmiento suelto, y vuestra merced le ha pintado tan tieso como si fuese de acero o el cuervo estuviese fofo. Al oír esto fue tan grande la ira del maestro Artigas, que no pudiendo atinar con las palabras acudió al cacharro de los colores que tenía entre las manos y se lo tiró con mucha furia, rompiéndose en menudos pedazos contra el suelo porque el niño hurtó el cuerpo al tiro, y dijo: - No quiero pintar más, porque eres un labrador, un descarado, un insolente, un malsín, un grandísimo bellaco. Y se fue de aquel paso y llamó al pueblo, y ayuntado en la plaza dijo, que mientras tuviesen en el lugar al atrevido y vano de Pedro Saputo, no quería pintar la capilla. Entonces Pedro Saputo pidió licencia para hablar y contó lo que había pasado con su maestro; y le dieron la razón y lo aprobaron, y no quisieron que se fuese del lugar. - Pues me iré yo, respondió muy aborrascado el maestro Artigas. - Idos enhorabuena, gritaron todos; mas que no se pinte la capilla. Y Pedro Saputo levantando la voz desde una piedra dijo al pueblo: - Si el maestro Artigas se va y vosotros queréis yo pintaré la capilla. - ¡Que la pinte, que la pinte!, gritó la multitud. Y el justicia y el concejo con los prohombres del pueblo encargaron la pintura a Pedro Saputo. Él entonces muy contento dijo: - Agora mirad, pueblo de Almudévar; yo pintaré la capilla de Nuestra Señora de la Corona, pero me habéis de dar lo mismo que dabais al maestro Artigas. Y se lo prometieron. Preguntóles qué querían que pintase, y no sabían qué decirle. Y tornó a preguntarles: - ¿Queréis que pinte lo que veis o lo que no veis? Y respondieron todos: - Lo que no vemos. - Pues yo, dijo él, lo pintaré, y gustaros ha por mi cuenta.

Inmediatamente se fue a la capilla y borró lo que había pintado el maestro Artigas, que era aún poco y no muy en su lugar. Tres meses estuvo pintando, y concluyó la obra y dijo al pueblo en la plaza: - La pintura está acabada. Agora quiero que la ermita esté ocho días abierta para que vayan a verla todos los del lugar, grandes y chicos, sabios e ignorantes, y que si alguno encuentra defectos en la pintura me los diga para enmendallos. Y fueron todos a verla y nadie halló falta alguna, sino al contrario le alababan mucho y decían: - ¿Cómo sabe hacer esto el hijo de la Pupila, que es un niño y nadie le ha enseñado? Pero le dijeron que no entendían las escenas que había pintado ni la intención de aquellos cuadros. Y él les dijo: - Oídme, hijos de Almudévar: yo os pregunté si había de pintar lo que veis o lo que no veis, y me respondisteis que pintase lo que no veis. Pues bien: según esa palabra, yo os he pintado en un lienzo dos cuadros; el uno es un olivar, y el otro una viña, que son cosas que para ver tenéis que ir a Huesca y al Semontano; pero lo que es en vuestro lugar no las veis por vuestra mucha desidia y cobardía. En el otro lienzo hay otros dos cuadros; el uno es una mujer de su casa muy aseada y cuidadosa, muy atenta, modesta y aplicada a su labor y a la inteligencia de las cosas del gobierno doméstico, rodeándola dos niños y una niña, hijos suyos muy graciosos, limpios y bien vestidos y criados; que también es cosa que no veis en vuestro lugar. En el otro hay una suegra y una nuera comiendo las dos en un plato muy concordes, amigas y bien animadas entre sí: cosa que tampoco no veis en el lugar. Por ahí alrededor y por el aire hay bosques, fieras y pájaros, nubes, y otras cosas según me iban ocurriendo, como quiera que importaba poco fuesen éstas u otras. Y arriba en la bóveda o cielo de la capilla he pintado a María Santísima con las manos cerradas porque no hay en este pueblo quien se las abra con oraciones devotas y humildes, y la obligue a abrirlas para dejar caer sobre vosotros las bendiciones de que las trae llenas.

Al oír esta explicación quedaron todos espantados de la sabiduría de las pinturas, y gritaron mucho rato con grande ardor y júbilo: - ¡Es verdad!, ¡es verdad! ¡Viva Pedro Saputo! ¡Viva el hijo de la Pupila! ¡Viva la honra de Almudévar! Y le tomaron y le llevaron en hombros a su casa alabándole y diciendo cantares en su gloria y lo presentaron a su madre y le dijeron que era la mujer más dichosa del mundo. Ella le recibió llorando de gozo, y dio a todos las gracias por aquel favor que mostraban a su hijo.

dijous, 7 de gener del 2021

Lo Camí, XIV.

XIV.

Lo Camí, XIV. Lupa, gat, Pesteta, pestetes


Podíen di lo que vullgueren; assó no los u impediríe dingú. Pero lo que díen dells no se ajustabe a la verdat. Ni Roc, lo Moñigo, teníe tota la culpa, ni ells féen datra cosa que procurá passá lo tems de la milló forma possible. Que a la Pesteta gran, al formaché, o a don Moissés, lo maestre, no los agradare la forma que ells teníen de passá lo tems ere una cosa mol diferenta. Pero ¿quí pot assegurá que alló no fore una manía de la Pesteta, lo formaché y lo Peó y no una perversidat diabólica per la seua part?

La gen en seguida emprén als chiquets, encara que moltes vegades lo enfado dels homens prové del seu natural irritable y suspicás y no de les travessures o maleses de aquells. Ahí estabe Paco, lo ferré. Ell los compreníe perque teníe salut y bon estómec, y si lo Peó no fée lo mateix ere per los seus assits y per la seua cara y lo seu feche retortigats. Y son pare mateix, lo formaché, perque afanós de estauviá no podíe vore les coses en lo aspecte optimista y alegre que generalmen oferixen. Y la Pesteta gran, perque ella ere l´ama del gat y lo volíe com si fore una consecuensia irrassional del seu ventre eixut. Pero tampoc ells teníen cap culpa de que la Pesteta gran sentiguere aquell afecte entrañable y desordenat per lo animalet, ni de que lo gat saltare al escaparate en cuan lo sol, aprofitán consevol descuido de los nugols, assomabe a la vall la seua cara congestionada y rubia. De aixó no ne teníe la culpa dingú, eixa es la verdat. Pero Daniel, lo Mussol, intuíe que los chiquets tenen ineluctablemen la culpa de totes aquelles coses de les que no té dingú la culpa. Lo del gat tampoc va sé una hazaña del atre dijous. Si lo gat haguere sigut de Antonio, lo Buche, o de les mateixes Llebres, no haguere passat res. Pero la Lola, la Pesteta gran, ere una escandalosa y lo seu amor per lo gat una inclinassió evidenmen maniática y anormal. Perque, anem a vore, si la trastada haguere sigut grave o ligeramen pecaminosa, ¿sen haguere enrit don José, lo mossen, en aquelles carcañades cuan lay van contá? Seguramen que no. Ademés, ¡qué dimoni!, lo bicho se u buscabe per eixí al escaparate a pendre lo sol. Claro que esta costum, per un atra part, representabe pera Daniel, lo Mussol, y los seus amics, una estimable ventaja económica. Si volíen un real de galletes torrades, a la tenda de les Pestetes, la gran díe:

- ¿De les de la caixa o de les que ha tocat lo gat?

- De les que ha tocat lo gat - contestaben ells, sempre.

Les que "habíe tocat lo gat" eren les mostres del escaparate y, de estes, la Pesteta gran ne donabe cuatre per un real, y dos, per lo mateix preu, de les de la caixa. An ells no los importabe mol que les galletes estigueren tocades per lo gat. A vegades estaben algo mes que tocades per lo gat, pero tampoc entonses los importabe massa. Sempre, en consevol condissió, siríen preferibles cuatre galletes que dos.

En lo consernén a la lupa, va sé Germán, lo Tiñós, qui la va portá a escola un matí de primavera. Son pare la guardabe al taller pera examiná lo calsé, pero Andrés, "lo home que de perfil no se veu", apenes la fée aná perque teníe bona vista. La haguere empleat si les lupes tingueren la virtut de eixecá una mica les sayes de les dones, pero lo que ell díe: "pera vore les pantorrilles mes grosses y acsidentades de lo que realmen són, no val la pena empleá artefactes". En la lupa de Germán, lo Tiñós, van fé aquell matí tota classe de experimentos. Roc, lo Moñigo, y Daniel, lo Mussol, van ensendre, consentrán en ella los rayos del sol, dos defectuosos sigarros de fulles de pataquera. Después se van analisá minussiosamen les sicatrius que, ampliades per lo vidre, assumíen una topografía irregulá y monstruosa. Después, se van mirá los ulls, la llengua y les orelles y después se van cansá de la lupa y de les extrañes imaches que ella provocabe. Va sé al crusá lo poble cap a les seues cases, de tornada de la escola, cuan van vore al gat de les Pestetes, enroscat damún del plat de galletes, a una punta de la vitrina. Lo animal ronronejabe, en la seua negra y peluda pancha al sol, chalán de les delissies de la caldoreta. Al arrimás ells, va obrí, desconfiat, un redó y terrible ull verd, pero al constatá la protecsió de la lluna del escaparate, va torná a tancál y se va quedá coto, dolsamen adormit.

Dingú es capás de siñalá lo puesto del servell aon se generen les grans idees. Ni Daniel, lo Mussol, podríe di, sense mentí, a quín recóndito plec va naixe la ocurrensia de interposá la lupa entre lo sol y la negra pancha del animalet, la idea va eixí dell espontanea y naturalmen. Algo paregut a com naix l´aigua de un manantial o fon.
Lo sert es que durán uns segóns los rayos del sol se van consentrá al cos del gat formán sobre lo seu negre pel un pun brillán. Los tres amics observaben expectans lo prossés físic. Van vore com los pels mes superfissials chisporrotejaben sense que lo gat modificare la seua postura. Lo rogle de llum y foc estabe enfocat sobre la seua pancha negra com un teó. De repén va eixí de allí una mica de fum y lo gat de les Pestetes va fotre, simultáneamen, un acrobátic bot acompañat de rabiosos maulits:
- ¡¡Marramiauuuu!! ¡¡Miauuuuuuuu!!

Los maulits aguts y llastimosos se diluíen, poc a poc, al fondo del establimén.
Sense acord previ, los tres amics van arrencá a corre. Pero la Pesteta va sé mes rápida que ells y la seua cara descomposta se va assomá a la porta antes de que los tres sagals se pergueren costa aball.
La Pesteta eixecabe lo puñ al aire y plorabe de rabia y impotensia:

- ¡Carnussos! ¡poquesvergoñes! ¡vatros teníeu que sé! ¡Me hau sucarrat al gat!
¡Pero ya tos agarraré yo! ¡Ton enrecordaréu de esta!
Y, efectivamen, sen van enrecordá, ya que va sé mes fort lo que don Moissés, lo Peó, va fé en ells que lo que ells habíen fet en lo gat. Aixina y tot, en ells se va pará la cadena de escarmens. Y Daniel, lo Mussol, se preguntabe:
"¿per qué si cremam una mica a un gat mos foten a natros una dotsena de regletades a cada ma, y mos tenen tot un día aguantán en lo bras eixecat lo mamotreto de la Historia Sagrada, en mes de sen grabats a tot coló, y al que a natros mos sometix an esta caprichosa tortura no ña dingú que li imposo una sansió, consecuenmen mes dura, y aixina, de sansió en sansió, no mos plantem a la pena de mort?".
Pero, no. Encara que lo raonamén no ere desatinat, lo cástic se va acabá en ells. Este ere lo orden pedagógic establit y se teníe que acatá en sumissió. Ere la caprichosa, ilógica y desigual justissia dels homens. Daniel, lo Mussol, pensabe, mentres passaben desplay los minuts y li féen mal los ginolls y li tremolabe y sentíe punchades nervioses al bras eixecat en la Historia Sagrada a la punta, que lo únic negossi a la vida ere dixá de sé chiquet lo antes possible y transformás en un home. Entonses se podíe sucarrá tranquilamen a un gat en una lupa sense que se mogueren los solamens sossials del poble y sense que don Moissés, lo mestre, abusare impúnemen de les seues atribussions.

¿Y lo del túnel? Perque encara en lo de la lupa va ñabé una víctima inossén: lo gat; pero en lo del túnel no van ñabé víctimes y si ne hagueren ñagut, hagueren sigut ells y damún venga regletades a la punta dels dits y venga hores aginollats, en lo bras eixecat en la Historia Sagrada sobrepassán sempre lo nivell del cap. Aixó ere inhumano, un evidén abús de autoridat, ya que, en ressumides cuentes, ¿no haguere descansat don Moissés, lo Peó, si lo rápit sels haguere emportat per debán als tres aquella tarde ? Y, si ere aixina, ¿per qué sels castigabe? ¿pot sé perque lo rápit no sels va emportá per dabán?

Aviats estaben entonses; la disyuntiva ere crúa: o morí trinchats als ejes de un tren o tres díes a ginollóns en la Historia Sagrada y los seus mes de sen grabats a tot coló, eixecada per damún del cap. Tampoc Roc, lo Moñigo, assertaríe a explicás a quína regió del seu servell se va generá la idea estrambótica de esperá al rápit a dins del túnel en los cansonsillos baixats. Datres vegades habíen aguantat al túnel lo pas del mixto o del tranvía interprovinsial. Pero estos trens passaben lentos y lo seu pas, a la foscó del forat, apenes los produíe ya cap emossió. Ere pressís renovás. Y Roc, lo Moñigo, los va exigí este nou experimento: aguardá al rápit dins del túnel y fé los tres, al mateix tems, de ventre, cuan lo tren passare. Daniel, lo Mussol, antes de asseptá, va apuntá algúns sensats inconveniens.

- ¿Y lo que no ne tingue ganes? - va di.

Lo Moñigo va argüí, contundén:

- Ya ni entrarán en cuan séntigue arrimás la locomotora.

Lo detall que van descuidá va sé lo depósit dels cansonsillos. De habé lligat esta punta, res se haguere descubert. Com no haguere passat res tampoc si lo día que lo Tiñós va portá la lupa a la escola no se haguere assomat lo sol. Pero existixen, flotán constanmen al aire, uns entes diabolics que chalen enredán los actes inosséns dels chiquets, complicánlos les situassions mes normals y simples.

¿Quí se habíe de pensá, en aquell momén, que en la sort dels cansonsillos estabe en joc la propia sort? ¿Se preocupe lo torero de la capa cuan té los cuernos a dos pams de la ingle? Y encara que al torero li esgarro lo bou lo capote no li renegue sa mare, ni li aguarde un maestre cabrejat que li fótegue dos dotsenes de regletades y lo fico de ginolls en la Historia Sagrada eixecada per damún del cap. Y, ademés, al torero li paguen mols dinés. Ells se arriesgaben sense esperá cap recompensa o aplausso (a no sé que fore a les dos galtes), ni la enchumenera ni una roda del tren. Trataben únicamen de autoconvénses de la seua propia valentía. ¿Mereix esta proba un suplissi tan refinat?

Lo rápit va entrá al túnel chulán, bufán, traén chispes, fen tremolá la montaña, sorollán les pedres. Los tres sagals estaben blangs, ajupidets, en los culets destapats a mich metro de la vía. Daniel, lo Mussol, va sentí que lo món se dislocabe daball dels seus peus, se desintegrabe sense remey y, mentalmen, se va santiguá. La locomotora va passá bufán al seu costat y una brafada calenta de vapor los va llepá lo cul. Van tremolá les parets del túnel, que se va omplí de un sarabastall de ferro. Per damún del fragor del ferro y la velossidat encaixonada, va arribá als seus oíts la advertensia del Moñigo:

- ¡Agarreutos dels ginolls!

Y se van agarrá, perque u manabe lo jefe y perque la atracsió del convoy ere casi irressistible. Se va agarrá dels ginolls, va tancá los ulls y va apretá la pancha. Va sé felís al constatá que habíe cumplit ce per be lo que Roc los habíe exigit. Se van sentí les risses sofocades dels tres amics al acabá de desfilá lo tren. Lo Tiñós se va alsá y va escomensá a tussí fart de fum. Después va tussí lo Mussol y, al remat, lo Moñigo. Lo Moñigo may arrencabe a tussí lo primé, encara que tinguere ganes de féu. Sobre estos extrems existíe sempre una competensia inexpresada. Sen enríen encara cuan Roc, lo Moñigo, va doná la veu de alarma.

- No trobo los pantalons - va di.

Van pará les risses instantáneamen.

- Tenen que está per ahí - va corroborá lo Mussol, tanteján a la escurina.

Lo Tiñós va di: - Teníu cuidadet, no patejéu...

Lo Moñigo se va olvidá, per un momén, dels pantalons.

- ¿U hau fet? - va preguntá.

Se van fondre a la tenebrosa oscurina del túnel les afirmassions satisfetes del Mussol y lo Tiñós.

- ¡Sí!

- Tamé yo - va confesá Roc, lo Moñigo; y sen va enriure al comprobá la rara unanimidat de les seues vísceres.

Los pantalons seguíen sense apareixe. A paupons van arribá a la boca del túnel. Teníen los culs esquichats de carbonilla y la temó per habé perdut los pantalons y cansonsillos portabe a les seues cares una grassiosa expresió de sorpresa. Cap dells se va atreví a riure. Lo pressentimén de uns pares y un maestre enfadats y implacables no dixáe mol puesto a la alegría. De repén, cuatre metros mes abán, al mich de la sendeta que crusáe la vía, van vore un drap informe, desformat y negrot. Lo va arreplegá Roc, lo Moñigo, y los tres lo van examiná en detenimén. Sol Daniel, lo Mussol, va pugué di:

- Es un tros dels meus pantalons - va di en un fil de veu.

La demés roba va aná apareixén, escampada a pedassos, per la senda. La onda de la velossidat habíe fet volá la roba, y lo tren la va desfé entre los seues ferros com una fiera fura. De no sé per este inesperat contratems dingú sen haguere enterat de la aventura. Pero eixos entes siniestros que constanmen floten al aire, los van embolicá lo assunto una vegada mes. Claro que, ni encara sospesán la travessura en tota la seua dimensió, se justificabe lo cástic que los va imposá don Moissés, lo mestre. Lo Peó sempre se passabe tres pobles. Ademés, lo castigá als alumnos pareixíe procuráli un goch indefinible o, per lo menos, la comisura dreta de la seua boca se estirabe, en eixos casos, hasta casi mossegá la negra pulsera de Curro Jiménez, Panchampla o lo Tempranillo.

¿Que habíen escandalisat al poble entran sense cansonsillos? ¡Pos claro! Pero ¿quína atra cosa podíen fé en aquell cas? ¿Se té que extremá lo pudor hasta lo pun de no torná al poble per lo fet de habé perdut los cansonsillos?
Ressultabe tremendo pera Daniel, lo Mussol; Roc, lo Moñigo, y Germán, lo Tiñós, tindre que dessidí sempre entre unes disjuntives tan penoses. Y ere encara mes mortificán lo que produíen en don Moissés, lo maestre, les seues coses, unes coses que ni de prop, ni de lluñ, li fotíen res.

Lo Camí, XIV.

XIV.

Podíen
di lo que vullgueren; assó no los u impediríe dingú. Pero lo que
díen dells no se 
ajustabe
a la verdat. Ni Roc, lo Moñigo, teníe tota la culpa, ni ells féen
datra cosa que procurá passá lo tems de la milló forma possible.
Que a la Pesteta gran, al formaché, o a don Moissés, lo maestre, no
los agradare la forma que ells teníen de passá lo tems ere una cosa
mol diferenta. Pero ¿quí pot assegurá que alló no fore una manía
de la Pesteta, lo formaché y lo Peó y no una perversidat diabólica
per la seua part?


La
gen en seguida emprén als chiquets, encara que moltes vegades lo
enfado dels homens prové del seu natural irritable y suspicás y no
de les travessures o maleses de aquells. Ahí estabe Paco, lo ferré.
Ell los compreníe perque teníe salut y bon estómec, y si lo Peó
no fée lo mateix ere per los seus ássits y per la seua cara y lo seu feche retortigats. Y son pare mateix, lo formaché, perque afanós de estauviá no podíe vore les coses en lo aspecte optimista y
alegre que generalmen oferixen. Y la Pesteta gran, 
perque
ella ere l´ama del gat y lo volíe com si fore una consecuensia
irrassional 
del
seu ventre eixut. Pero tampoc ells teníen cap culpa de que la
Pesteta gran sentiguere aquell afecte entrañable y desordenat per lo
animalet, ni de que lo gat saltare al escaparate en cuan lo sol,
aprofitán consevol descuido de los nugols, assomabe a la vall la
seua cara congestionada y rubia. De aixó no ne teníe la culpa
dingú, eixa es la verdat. Pero Daniel, lo Mussol, intuíe que los
chiquets tenen ineluctablemen la culpa de totes aquelles coses de les
que no té dingú la culpa. Lo del gat tampoc va sé una hazaña del
atre dijous. Si lo gat haguere sigut de Antonio, lo Buche, o de les
mateixes Llebres, no haguere passat res. Pero la Lola, la Pesteta
gran, ere una escandalosa y lo seu amor per lo gat una inclinassió
evidenmen maniática y anormal. Perque, anem a vore, si la 
trastada
haguere sigut grave o ligeramen pecaminosa, ¿sen haguere enrit don
José, lo mossen, en aquelles carcañades cuan lay van contá?
Seguramen que no. Ademés, ¡qué dimoni!, lo bicho se u buscabe per
eixí al escaparate a pendre lo sol. Claro que esta costum, per un
atra part, representabe pera Daniel, lo Mussol, y los seus amics, una
estimable ventaja económica. Si volíen un real de galletes
torrades, a la tenda de les Pestetes, la gran díe:


-
¿De les de la caixa o de les que ha tocat lo gat?


-
De les que ha tocat lo gat - contestaben ells, sempre.


Les
que "habíe tocat lo gat" eren les mostres del escaparate
y, de estes, la Pesteta gran ne donabe cuatre per un real, y dos, per
lo mateix preu, de les de la caixa. An ells no los importabe mol que
les galletes estigueren tocades per lo gat. A vegades estaben algo
mes que tocades per lo gat, pero tampoc entonses los importabe massa.
Sempre, en consevol condissió, siríen preferibles cuatre galletes
que dos.


En
lo consernén a la lupa, va sé Germán, lo Tiñós, qui la va portá
a escola un matí de 
primavera.
Son pare la guardabe al taller pera examiná lo calsé, pero Andrés,
"lo home que de perfil no se veu", apenes la fée aná
perque teníe bona vista. La haguere empleat si les lupes tingueren
la virtut de eixecá una mica les sayes de les dones, pero lo que ell
díe: "pera vore les pantorrilles mes grosses y acsidentades de
lo que realmen són, no val la pena empleá artefactes". En la
lupa de Germán, lo Tiñós, van fé aquell matí tota classe de
experimentos. Roc, lo Moñigo, y Daniel, lo Mussol, van ensendre,
consentrán en ella los rayos de sol, dos defectuosos sigarros de
fulles de pataquera. Después se van analisá minussiosamen les
sicatrius que, ampliades per lo vidre, assumíen una topografía
irregulá y monstruosa. Después, se van mirá los ulls, la llengua y
les orelles y después se van cansá de la lupa y de les extrañes
imaches que ella provocabe. Va sé al crusá lo poble cap a les seues
cases, de tornada de la escola, cuan van vore al gat de les Pestetes, 
enroscat
damún del plat de galletes, a una punta de la vitrina. Lo animal
ronronejabe, en la seua negra y peluda pancha al sol, chalán de les
delíssies de la caldoreta. Al arrimás ells, va obrí, desconfiat,
un redó y terrible ull verd, pero al constatá la protecsió de la
lluna del escaparate, va torná a tancál y se va quedá coto,
dolsamen adormit.


Dingú
es capás de siñalá lo puesto del servell aon se generen les grans
idees. Ni Daniel, lo Mussol, podríe di, sense mentí, a quín
recóndito plec va naixe la ocurrensia de interposá la lupa entre lo
sol y la negra pancha del animalet, la idea va eixí dell espontanea
y naturalmen. Algo paregut a com naix l´aigua de un manantial o fon.

Lo sert es que durán uns segóns los rayos del sol se van
consentrá al cos del gat formán sobre lo seu negre pel un pun
brillán. Los tres amics observaben expectáns lo prossés físic.
Van vore com los pels mes superfissials chisporrotejaben sense que lo
gat modificare la seua postura. Lo rogle de llum y foc estabe enfocat
sobre la seua pancha negra com un teó. De repén va eixí de allí
una mica de fum y lo gat de les Pestetes va fotre, simultáneamen, un
acrobátic bot acompañat de rabiosos maulits:
- ¡¡Marramiauuuu!!
¡¡Miauuuuuuuu!!


Los
maulits aguts y llastimosos se diluíen, poc a poc, al fondo del
establimén.
Sense acord previ, los tres amics van arrencá a
corre. Pero la Pesteta va sé mes rápida que ells y la seua cara
descomposta se va assomá a la porta antes de que los tres sagals se
pergueren costa aball.
La Pesteta eixecabe lo puñ al aire y
plorabe de rabia y impotensia:


-
¡Carnussos! ¡poquesvergoñes! ¡vatros teníeu que sé! ¡Me hau
sucarrat al gat!
¡Pero ya tos agarraré yo! ¡Ton enrecordaréu
de esta!
Y, efectivamen, sen van enrecordá, ya que va sé mes
fort lo que don Moissés, lo Peó, va fé en ells que lo que ells
habíen fet en lo gat. Aixina y tot, en ells se va pará la cadena de
escarméns. Y Daniel, lo Mussol, se preguntabe:
"¿per qué
si cremám una mica a un gat mos foten a natros una dotsena de
regletades a cada ma, y mos tenen tot un día aguantán en lo bras
eixecat lo mamotreto de la Historia Sagrada, en mes de sen grabats a
tot coló, y al que a natros mos sometix an esta caprichosa tortura
no ña dingú que li imposo una sansió, consecuenmen mes dura, y
aixina, de sansió en sansió, no mos plantem a la pena de mort?".

Pero, no. Encara que lo raonamén no ere desatinat, lo cástic se
va acabá en ells. Este ere lo orden pedagógic establit y se teníe
que acatá en sumissió. Ere la caprichosa, ilógica y desigual
justissia dels homens. Daniel, lo Mussol, pensabe, mentres passaben
desplay los minuts y li féen mal los ginolls y li tremolabe y sentíe
punchades nervioses al bras eixecat en la Historia Sagrada a la
punta, que lo únic negossi a la vida ere dixá de sé chiquet lo
antes possible y transformás en un home. Entonses se podíe sucarrá
tranquilamen a un gat en una lupa sense que se mogueren los solaméns
sossials del poble y sense que don Moissés, lo mestre, abusare
impunemen de les seues atribussións.


¿Y
lo del túnel? Perque encara en lo de la lupa va ñabé una víctima
inossén: lo gat; pero en lo del túnel no van ñabé víctimes y si
ne hagueren ñagut, hagueren sigut ells y damún venga regletades a
la punta dels dits y venga hores aginollats, en lo bras eixecat en la
Historia Sagrada sobrepassán sempre lo nivell del cap. Aixó ere
inhumano, un evidén abús de autoridat, ya que, en ressumides
cuentes, ¿no haguere descansat don Moissés, lo Peó, si lo rápit
sels haguere emportat per debán als tres aquella tarde ? Y, si ere
aixina, ¿per qué sels castigabe? ¿pot sé perque lo rápit no sels
va emportá per dabán?


Aviats
estaben entonses; la disyuntiva ere crúa: o morí trinchats als ejes
de un tren o tres díes a ginollóns en la Historia Sagrada y los
seus mes de sen grabats a tot coló, eixecada per damún del cap.
Tampoc Roc, lo Moñigo, assertaríe a explicás a quína regió del
seu servell se va generá la idea estrambótica de esperá al rápit
a dins del túnel en los cansonsillos baixats. Datres vegades habíen
aguantat al túnel lo pas del mixto o del tranvía interprovinsial.
Pero estos trens passaben lentos y lo seu pas, a la foscó del forat,
apenes los produíe ya cap emossió. Ere pressís renovás. Y Roc, lo
Moñigo, los va exigí este nou experimento: aguardá al rápit dins
del túnel y fé los tres, al mateix tems, de ventre, cuan lo tren
passare. Daniel, lo Mussol, antes de asseptá, va apuntá algúns
sensats inconveniéns.


-
¿Y lo que no ne tingue ganes? - va di.


Lo
Moñigo va argüí, contundén:


-
Ya ni entrarán en cuan séntigue arrimás la locomotora.


Lo
detall que van descuidá va sé lo depósit dels cansonsillos. De
habé lligat esta punta, res se haguere descubert. Com no haguere
passat res tampoc si lo día que lo Tiñós va portá la lupa a la
escola no se haguere assomat lo sol. Pero existixen, flotán
constanmen al aire, uns entes diabólics que chalen enredán los
actes inosséns dels chiquets, complicánlos les situassións mes
normals y simples.


¿Quí
se habíe de pensá, en aquell momén, que en la sort dels
cansonsillos estabe en joc la propia sort? ¿Se preocupe lo torero de
la capa cuan té los cuernos a dos pams de la ingle? Y encara que al
torero li esgarro lo bou lo capote no li renegue sa mare, ni li
aguarde un maestre cabrejat que li fótegue dos dotsenes de
regletades y lo fico de ginolls en la Historia Sagrada eixecada per
damún del cap. Y, ademés, al torero li paguen mols dinés. Ells se
arriesgaben sense esperá cap recompensa o aplausso (a no sé que
fore a les dos galtes), ni la enchumenera ni una roda del tren.
Trataben únicamen de autoconvénses de la seua propia valentía.
¿Mereix esta proba un suplissi tan refinat?


Lo
rápit va entrá al túnel chulán, bufán, traén chispes, fen
tremolá la montaña, sorollán les pedres. Los tres sagals estaben
blangs, ajupidets, en los culets destapats a mich metro de la vía.
Daniel, lo Mussol, va sentí que lo món se dislocabe daball dels
seus peus, se desintegrabe sense remey y, mentalmen, se va santiguá.
La locomotora va passá bufán al seu costat y una brafada calenta de
vapor los va llepá lo cul. Van tremolá les parets del túnel, que
se va omplí de un sarabastall de ferro. Per damún del fragor del
ferro y la velossidat encaixonada, va arribá als seus oíts la
advertensia del Moñigo:


-
¡Agarreutos dels ginolls!


Y
se van agarrá, perque u manabe lo jefe y perque la atracsió del
convoy ere casi irressistible. Se va agarrá dels ginolls, va tancá
los ulls y va apretá la pancha. Va sé felís al constatá que habíe
cumplit ce per be lo que Roc los habíe exigit. Se van sentí les
risses sofocades dels tres amics al acabá de desfilá lo tren. Lo
Tiñós se va alsá y va escomensá a tussí fart de fum. Después va
tussí lo Mussol y, al remat, lo Moñigo. Lo Moñigo may arrencabe a
tussí lo primé, encara que tinguere ganes de féu. Sobre estos
extrems existíe sempre una competensia inexpresada. Sen enríen
encara cuan Roc, lo Moñigo, va doná la veu de alarma.


-
No trobo los pantalóns - va di.


Van
pará les risses instantáneamen.


-
Tenen que está per ahí - va corroborá lo Mussol, tanteján a la
escurina.


Lo
Tiñós va di: - Teníu cuidadet, no patejéu...


Lo
Moñigo se va olvidá, per un momén, dels pantalóns.


-
¿U hau fet? - va preguntá.


Se
van fondre a la tenebrosa oscurina del túnel les afirmassións
satisfetes del Mussol y lo Tiñós.


-
¡Sí!


-
Tamé yo - va confesá Roc, lo Moñigo; y sen va enriure al comprobá
la rara unanimidat de les seues vísceres.


Los
pantalóns seguíen sense apareixe. A paupóns van arribá a la boca
del túnel. Teníen los culs esquichats de carbonilla y la temó per
habé perdut los pantalóns y cansonsillos portabe a les seues cares
una grassiosa expresió de sorpresa. Cap dells se va atreví a riure.
Lo pressentimén de uns pares y un maestre enfadats y implacables no
dixáe mol puesto a la alegría. De repén, cuatre metros mes abán,
al mich de la sendeta que crusáe la vía, van vore un drap informe y
negrot. Lo va arreplegá Roc, lo Moñigo, y los tres lo van examiná
en detenimén. Sol Daniel, lo Mussol, va pugué di:


-
Es un tros dels meus pantalóns - va di en un fil de veu.


La
demés roba va aná apareixén, escampada a pedassos, per la senda.
La onda de la velossidat habíe fet volá la roba, y lo tren la va
desfé entre los seues ferros com una fiera fura. De no sé per este
inesperat contratems dingú sen haguere enterat de la aventura. Pero
eixos entes siniestros que constanmen floten al aire, los van
embolicá lo assunto una vegada mes. Claro que, ni encara sospesán
la travessura en tota la seua dimensió, se justificabe lo cástic
que los va imposá don Moissés, lo mestre. Lo Peó sempre se passabe
tres pobles. Ademés, lo castigá als alumnos pareixíe procuráli un
goch indefinible o, per lo menos, la comisura dreta de la seua boca
se estirabe, en eixos casos, hasta casi mossegá la negra pulsera de
Curro Jiménez, Panchampla o lo Tempranillo.


¿Que
habíen escandalisat al poble entran sense cansonsillos? ¡Pos claro!
Pero ¿quína atra cosa podíen fé en aquell cas? ¿Se té que
extremá lo pudor hasta lo pun de no torná al poble per lo fet de
habé perdut los cansonsillos?
Ressultabe tremendo pera Daniel,
lo Mussol; Roc, lo Moñigo, y Germán, lo Tiñós, tindre que dessidí
sempre entre unes disjuntives tan penoses. Y ere encara mes
mortificán lo que produíen en don Moissés, lo maestre, les seues
coses, unes coses que ni de prop, ni de lluñ, li fotíen res.

dimarts, 29 de desembre del 2020

JORNADA OCTAVA. NOVELA NOVENA.

JORNADA OCTAVA. NOVELA NOVENA.

Bruno y Buffalmacco fan aná al mestre Simón, meche, de nit a sert puesto (per a entrá a una compañía de corsaris); Buffalmacco lo avíe a una sanja de gorrinada y lo abandone allí.

Después de que los siñores un rato hagueret parlat de la comunidat de dones establecida per los dos sienesos, la reina, que faltabe per novelá (si no volíe tráureli lo don a Dioneo), va escomensá:
Mol mereixcudamen, amoroses siñores, se va guañá Spinefloccio la burla que li va sé feta per Zeppa; per lo que no crec que agramen tingue que sé emprés. Spinefloccio se u va mereixe, y yo vull parlátos de un que u va aná buscán, creén que los que lay van fotre no van sé dignes de reproche sino de alabanses. Y aquell al que lay van fotre va sé un meche que de Bolonia va torná a Florencia tot tapat de pells de armiño, de la familia de les musteles.

Tal com tots los díes veém, los nostres consiudadáns tornen aquí de Bolonia sén juche, meche, notari, en les robes llargues y amples y en les escarlates y los armiños y en atres moltes apariénsies de grandesa. Entre estos, un tal mestre Simón de la Villa, mes ric en bens paterns que en siénsia, no fa mol tems, vestit de escarlata y en una gran beca, doctó en medissina com ell mateix se titulabe, aquí va torná, y se va apossentá al carré que natros diem avui Vía del Cocomero. Este mestre Simón, ressienmen arribat, com se ha dit, entre les seues costums notables teníe la costum de preguntáli a consevol que en ell estiguere quí ere algú que haguere vist passá pel carré; y com si de los actes de los hómens se haguere de escriure la medissina que teníe que doná als seues passiéns, en tots sen fixabe y sen enrecordabe de tot. Se va interessá per dos pintós dels que ya se ha parlat avui dos vegades, Bruno y Buffalmacco, que sempre anaben juns y eren los seus veíns. Y pareixénli que estos dos menos preocupassións que dingú al món teníen y vivíen mol alegremen, cóm vivíen y quína ere la seua condissió va preguntá a moltes persones; y sentínlos a tots que aquells eren dos hómens pobres y pintós, se li va fotre al cap que no podíe sé que tan despreocupats vigueren en la seua pobresa, y va pensá (perque habíe sentit que eren dos hómens espabilats) que de algún atre puesto no conegut per los demés obteníen grandíssims benefissis, y per naixó va voldre tindre amistat en los dos, o per lo menos en un, y va fé amistat en Bruno. Y Bruno, sabén per les poques vegades que en ell habíe estat que este dotó ere un animal, va escomensá a divertís en ell contánli histories; y al meche li va aná agradán tot alló. Y habénlo una vegada invitat a minjá en ell y per naixó creén que podíe parlá en ell en confiansa, li va di que se maravillabe dell y de Buffalmacco, que, sén hómens pobres, tan alegremen vivíen, y li va rogá que li enseñare cóm su féen. Bruno, sentín al meche y pareixénli una de les seues tontes preguntes, va escomensá a riure y va pensá en contestáli segóns corresponíe a la seua borregués, y va di:

- Mestre, no lay diría a moltes persones lo que fem, pero no men guardaré de dílay a vosté, perque sou amic y perque sé que no lay charraréu a dingú. Es verdat que lo meu compañ y yo vivim tan alegremen y tan be com tos pareix, y mol mes; y no es per lo nostre ofissi ni de cap atre fruit que pugam traure de les nostres possessións, de aon no podríem pagá ni l´aigua que nessessitam. No vull que penséu que robem, fem de corsaris, y de aixó tot lo que nessessitem y mos agrade, sense féli mal a un tersé, u traem tot; y de aixó ve lo alegre viure que mos veéu.
Lo meche, al sentí aixó, y sense sabé qué ere, creénsu, se va extrañá mol, y en seguida va tindre moltes ganes de sabé qué ere fé de corsaris, afirmánli que per sert may lay diríe a cap persona.

- ¡Ay! - va di Bruno -, mestre, ¿qué me demanéu? Es un secreto massa gran lo que voléu sabé, y es algo que me destruiríe y me aventaríe del món, y tamé que me ficaríe a la boca del Lucifer de San Gallo si un atra persona u sapiguere: pero es tan gran l'amor que séntigo per la vostra cualitativa melonés de Legnaia y la fe que en vos ting, que no puc negátos res del que vulgáu; y per naixó tos u diré, en la condissió de que me juréu per la creu de Montessori que may, com u habréu prometut, u diréu.

Lo mestre va afirmá que no u faríe.

- Debéu, pos, sabé - va di Bruno -, dols mestre meu, que no fa mol que van ñabé an esta siudat un gran mestre de nigromansia de nom Michele Scotto, perque ere de Escocia y que de mols gentilhomens de los que pocs están avui vius, va ressibí grandíssim honor; y volén anássen de aquí, a instansia dels seus rogs va dixá a dos dels seus millós discípuls, als que los va maná que a tots los gustos de estos gentilhomens quel habíen honrat estigueren sempre dispostos. Éstos, pos, servíen als dits gentilhomens en serts amors seus y en atres coses libremen; después, agradánlos la siudat y les costums de los hómens, se van disposá a está sempre units en gran y estreta amistat en algúns, sense mirá que foren mes o menos nobles, ni mes rics o mes pobres, sol que foren hómens conforme al seu gust. Y per a complaure an estos tals amics seus, van organisá una compañía de uns vintissing hómens, que al menos dos vegades al mes tingueren que reunís an algún puesto consertat entre ells; y están allí, cada un los diu an estos lo seu dessich y rápidamen ells lo satisfán aquella nit. Tenín Buffalmacco y yo singular amistat y confiansa en dos dells, per nells a la tal compañía vam sé incluits, y encara u som.
Y tos dic que sempre que mos ham de ajuntá, es cosa maravillosa de vore los tapissos que penjen al voltán de la sala aon minjám y les taules parades com al palau real y la cantidat de nobles y pinchos criats, tan hómens com dones, al servissi de tots los que están a la compañía, y les palanganes, les greles o griales, les copes y la demés vajilla de or y de plata aon minjám y bebem; y ademés de aixó los abundáns y variats manjars, segóns lo que cada un vol, que porten dabán de cadaú al seu tems. No podré may pintátos cuáns y quíns són los dolsos sons de los instruméns infinits y los cántics plens de armonía que se escolten allí, ni tos podré di cuánta sera se creme an estos sopás ni cuáns dolsos se consumixen y qué apressiats són los vins que allí se beuen. Y no voldría, sabrosa carbassa meua, que creguéreu que estam natros allí en este traje o en estes robes que veéu; no ña allí cap desgrassiat que no paregue un emperadó, pos aixina estem en rics vestits y hermoses coses adornats. Pero sobre tots los demés plaés que ñan allí están les dones guapes, que si un ne vol, li són portades desde consevol part del món. Podríeu vore allí a la Siñora de los barbárics, la reina de los vascos, la dona del Sultán, la emperatrís de Osbech, la charlánfora de Norrueca, la seminstante de Berlinzonia y la astuciertra de Narsia. ¿Y per qué enumeráles? Están allí totes les reines del món, hasta la chinchimurria del Preste Juan: ¡Aixina que miréu!
Y después de que han begut y han minjat dolsaines, ballat una dansa o dos, cada una en aquell que la ha fet vindre sen va cap a la alcoba; ¡y sabéu que aquelles alcobes pareixen un paraísso a la vista, de majes que són! Y fan tan bon auló com los potets de espéssies de la vostra tenda cuan manéu machacá lo comino; y tenen llits casi mes hermosos que los del dogo de Venecia, y an ells van a descansá y a lo que sigue.
¡Pos lo tejemaneje a les estriberes y les viaderes que se porten les teixidores per a fé lo drap tancat, tos dixaré que u imaginéu! Pero entre los que milló están, segóns lo meu pareixe, som Buffalmacco y yo, perque Buffalmacco la majoría de vegades fa víndre per an ell a la reina de Fransa y yo a la de Inglaterra, que són dos de les mes hermoses reines del món; y tan ham sabut fé que no miren mes que per los nostres ulls; per lo que per vos mateix debéu jusgá si es que podem y debém viure y aná mol mes conténs que los demés hómens pensán que tením l´amor de tals dos reines; sense contá que, cuan volém que mos donon mil o dos mil floríns, no los conseguim. Y aixó es lo que vulgarmen diem «aná de corsaris» perque com los corsaris los prenen les coses a tots, aixina fem natros; pero som diferéns dells perque ells may les tornen, mentres que natros les tornem en cuan les fem aná. Ara hau entés, mestre, lo que día per «aná de corsari», pero lo secreto que aixó té que quedá, podéu vóreu vos mateix, y per naixó mes no tos dic ni tos rogo.

Lo mestre, que teníe prou siénsia potsé per a medicá les pupes dels chiquets, se va creure totes les paraules de Bruno, y se va inflamá en dessich de que lo ressibigueren an esta compañía. Li va contestá a Bruno que no ere de extrañá que estigueren tan conténs y en prou faena se va aguantá de demanáli que lo faiguere entrá allí. Va escomensá a frecuentál mol y a tindrel matí y tarde minján a casa y a mostráli mol amor; y ere tan gran y tan continua esta intimidat seua que pareixíe que sense Bruno lo mestre no podíe ni sabíe viure. Bruno, pareixénli que alló li anabe be, per a no pareixe ingrato an este honor que li fée lo meche, li va pintá al minjadó seu la Cuaresma, y un Agnus Dei a la entrada de la alcoba y damún de la porta de la entrada del carré un bassí, per a que los que tingueren nessessidat del seu consell pugueren distinguíla de les atres; y a un balconet li va pintá la batalla dels ratolíns y´ls gats, que mol hermosa li pareixíe al meche; y ademés de aixó, li díe algunes vegades al mestre, cuan no habíe sopat en ell:

- Anit vach está en la compañía, y habénme cansat una mica de la reina de Inglaterra, me vach fé portá la gudmedra del Gran Khan de Altarisi.

Díe lo mestre:

- ¿Qué vol di gudmedra? No conec eixa paraula.

- Oh, mestre meu - díe Bruno -, no me extraño de aixó, que be hay sentit di que ni Hipograto ni Vanacena diuen res de aixó.

Va di lo mestre:

- Vols di Hipócrates y Avicena.

Va di Bruno:

- Per ma mare que no u sé, de los vostres nombrachos enteng tan poc com vos de los meus; pero «gudmedra» en la llengua del Gran Khan vol di «emperatrís» a la nostra.
¡Ah, qué bona femella tos pareixeríe! Podría dítos que tos faríe olvidá les medissines y les lavatives y tots los emplastes.

Y aixina diénli alguna vegada pera mes assussál, va passá que, pareixénli al siñó mestre (una nit que estabe de conversa en Bruno mentres li aguantabe la llum per a que li pintare la batalla de los ratolíns y de los gats) que be lo habíe conquistat en los seus honors, se va disposá a obríli lo seu ánim; y están sols, va di:

- Bruno, sap Deu que no ña dingú pel que faría lo que faría per tú: y si me digueres que anara caminán de aquí a Perétola, crec que hi aniría; y per naixó no vull que te maravillos de lo que familiarmen y humilmen y en confiansa te vull demaná. Com be saps, no fa mol que me vas parlá de la vostra alegre compañía, a la que me ha entrat tan gran dessich de perteneixe, que cap atra cosa hay volgut tan. Y no está fora de raó, com vorás, que hi perteneixca, perque desde ara vull que ten burlos de mí si no fach que acudixque allí la mes hermosa criatura que has vist en mol tems, que yo la vach vore lo añ passat a Cacavincigli, a la que li vull tot lo be del món; y per lo cos de Cristo que voldría donáli deu boloñesos grossos si me asseptare, y no u consén. Y per naixó tan com puc te rogo que me enseños lo que ting que fé per a pugué entrá a la compañía o germandat, y que ademés faigues y obros de manera que entra; y en verdat tindrás en mí un bon y fiel compañ. Tú aquí mateix pots vore qué pincho soc y que ting les cames ben plantades, y que ting una cara que pareix una rosa; y ademés de aixó soc dotó en medissina, que no crec que ne tingáu cap, y sé moltes bones coses y cansonetes majes, - vac a cantáten una - y de repén se va ficá a cantá. Bruno teníe moltes ganes de enríuressen, pero se va aguantá. Y acabada la cansó va di lo mestre:

- ¿Qué te pareix?

Va di Bruno:

- Per sert que en vos perdríen les cítares de saína, tan ortogóticamen recancanilléu.

Va di lo mestre:

- No tu hagueres cregut may si no me hagueres sentit.
- Es verdat. - va di Bruno.

Va di lo mestre:

- Moltes atres ne sé; pero dixem ara aixó. Aixina com me veus, mon pare va sé un home noble, encara que vixquere al campo, y tamé per part de mare hay naixcut de los de Vallecchio; y com has pogut vore, ting millós llibres y millós robes que cap meche a Florencia. A fe que ting roba que va costá, totes les cuentes damún de la taula, prop de sen lires de bagatíns, ya fa mes de deu añs. Per lo que te rogo que faigues que entra; y a fe que si u conseguixes, si te fiques dolén alguna vegada, may per la meua faena te cobraré un diné.

Bruno, sentínlo, y pareixénli, tal com atres vegades ya li habíe paregut, un babieca, va di: - Mestre, arriméu un poc mes la llum cap aquí, y no tos canséu hasta que los haiga pintat la coa an estos ratolíns, y después tos respondré.

Acabades les coes, Bruno, fen vore que mol li pesabe la petissió, va di:
- Mestre meu, grans coses són les que faríeu per mí, y yo u sé; pero esta que me demanéu, encara que per a la grandesa del vostre servell sigue minuda, per a mí es grandíssima, y no ña dingú mes al món per lo que u faría, perque tos vull com y perque les vostres paraules, que están condimentades en tan bon juissi que trauríen les sandalies als peniténs, no ya a mí lo meu propósit; y cuan mes tos trato mes sabut me pareixéu. Y tos dic ara que, si datra cosa no me faiguere vóldretos, tos voldría perque vech que estéu enamorat de una dona tan bella com me hau dit. Pero sol vull dítos: en estes coses yo no ting lo poder que penséu, y per naixó no puc fé per vos lo que se hauríe de fé; pero si me prometéu per la vostra gran y cauterisada fe guardám lo secreto, tos diré cóm hau de obrá y me pareix está segú, tenín vos tan bons llibres y les demés coses que antes me hau dit, que u conseguiréu. A lo que lo mestre va di:

- Dísme en confiansa. Vech que no me coneixes be y no saps encara cóm sé guardá un secreto. Ñabíen poques coses que micer Guasparruolo de Saliceto faiguere, cuan ere juez del podestá de Forimpópoli, que no me les comunicare, tan bon secretari me trobabe. ¿Y vols sabé si dic la verdat? Yo vach sé lo primé home a qui li va di que anabe a casás en Bergamina: ¡mira tú!
- Pos está mol be - va di Bruno - si tan sen fiabe, be puc fiám yo. Lo que teníu que fé sirá aixó: a la nostra compañía tením sempre un capitá en dos consellés, que cada sis mesos cambien, y sense falta Buffalmacco sirá capitá a les calendes, y aixina está establit; y qui es capitá mol poder té per a fé entrá o fé que entro qui ell vullgue; y per naixó me pareix a mí que vos, lo antes que pugáu, tos faigáu amic de Buffalmacco y lo honréu.
Ell es home que veéntos tan sabut se enamorará de vos incontinenti; y cuan lo haugáu ablanit, en lo vostre juissi y en estes coses bones que teníu, lay podréu demaná:
ell no podrá di que no. Yo li hay parlat ya de vos y tos voldríe mol; y cuan haigáu fet aixó, dixéume a mí en ell.
Entonses va di lo mestre: - Mol me agrade lo que dius; y si ell es home que busque la compañía de los hómens sabios, y parle en mí un poc, faré de manera que me estará sempre buscán, perque tan señ ting que podría donán a una siudat sansera y seguí sén sapientíssim.
Arreglat aixó, Bruno lay va contá, pel seu orden, tot a Buffalmacco; en lo que a Buffalmacco li pareixíen mil añs lo que faltabe per a pugué fé lo que este mestre estabe buscánse. Lo meche, que mol dessichabe fé de corsari, no va pará hasta que se va fé amic de Buffalmacco, lo que li va sé fássil, y va escomensá a oferíli los millós sopás y los millós dinás del món, y a Bruno lo mateix, y se garrapiñaben com a Siñós, catán boníssims vins y gorts capóns y atres moltes coses bones, no se li separaben; y sense esperá a que los invitare, dién sempre que en cap atre u faríen, se quedaben en ell.
Pero cuan li va pareixe oportú al mestre, com habíe fet en Bruno va requerí a Buffalmacco; en lo que éste se va mostrá mol enfadat y li va montá a Bruno un gran abalot, dién:
- Voto al alt Deu de Pasignano que me ting en poc si no ten fótego una al cap que te afona lo nas hasta los calcañás, traidó, que dingú mes que tú ha pogut manifestá estes coses al mestre. Pero lo mestre lo excusabe mol, dién y jurán que u habíe sabut per un atre costat; y después de moltes de les seues sabies paraules, lo va passificá. Buffalmacco, giránse cap al mestre, va di:
- Mestre meu, be se veu que hau estat a Bolonia y que an eixa siudat hau portat la boca tancada; y encara tos dic mes: que no hau adeprés lo abecé en una poma, com volen fé mols nessios, sino que en un meló lo vau adependre be, aixó que es tan llarg; y si no me engañ, vau sé batejat en domenge. Y encara que Bruno me habíe dit que habíeu estudiat allí medissina, me pareix a mí que lo que vau adependre va sé a domesticá als hómens, lo que milló que cap home que yo haiga vist sabéu fé en lo vostre señ y les vostres paraules.

Lo meche, tallánli la paraula a la boca, li va di a Bruno: - ¡Qué majo es parlá y tratá en los sabuts! ¿Quí hauríe tan pronte entés totes les particularidats del meu sentimén com u ha fet este home? Tú no ten vas enterá tan pronte de lo que yo valíe com u ha fet ell; pero al menos dis lo que te vach di yo cuan me vas di que Buffalmacco buscabe als hómens sabuts: ¿Te pareix que u hay conseguit?
Va di Bruno: - ¡Encara milló!

Entonses lo mestre li va di a Buffalmacco:

- Un atra cosa hagueres dit si me hagueres vist a Bolonia, aon no ñabíe ningú, ni gran ni menut, ni doctó ni escolá, que no me vulguere, tan podíen adependre en lo meu raoná y en la meua sabiduría. Y te dic mes, que may vach di cap paraula que no faiguere riure a tots, tan los agradabe; y cuan men vach aná de allí tots van plorá mol, y tots volíen que me quedara, y a tan va arribá la cosa per a que me quedara que van volé dixám a mí sol per a que llixquera, a tots los estudiáns que allí ñabíe, la medissina, pero no vach vullgué perque estaba disposat a vindre aquí a ressibí la grandíssima herénsia que aquí tenía que ha sigut sempre de los de la meua familia; y aixina u vach fé.
Li va di entonses Bruno a Buffalmacco: - ¿Qué te pareix? No tu creíes cuan te u día.
¡Per lo Evangelio, no ña an esta siudat dotó que entengue de pixera de burro com éste, y sértamen no ne trobaríes datre de aquí a París! ¡Vésten y cuídat desde avui de no fé lo que diu!

Va di lo meche:

- Bruno diu la verdat, pero aquí no soc estimat. Vatros sou mes be gen ruda, pero voldría que me veiguéreu entre los doctós com solgo está.

Entonses va di Buffalmacco:

- Verdaderamen, mestre, sabéu mol mes de lo que yo haguera cregut, y parlántos com té que parlás a sabios com u sou Vos, faramalladamen tos dic que conseguiré sense falta que sigáu de la nostra germandat.

Los honors fets per lo meche an éstos después de esta promesa se van multiplicá; per lo que ells, divertínse, li féen combregá en les tontades mes grans del món, y van prometre donáli per dona a la condesa Civillari, que ere la dona mes maja que podíe trobás de entre totes les culeres de la generassió humana. Va preguntá lo meche quí ere esta condesa; a lo que va di Buffalmacco:
- Gran cogombro meu, es una gran Siñora y pocs casos ñan al món en los que ella no tingue una gran jurisdicsió; y no dic atres, sino hasta los flares menors en redoble de tabals li rendixen tribut. Y sol dís que cuan camine pel carré be se fa sentí per mol tancada que vaigue; y no fa mol que tos va passá per dabán de la porta una nit que anabe al Arno a rentás los peus y per a pendre una mica lo aire; pero la seua mes continua habitassió es Laterina. Mols dels seus sargentos van per ahí de guardia, y tots, per a mostrá lo seu señorío, porten la vara y la bola. Per totes parts se veuen als seus baróns, com Tamañin de la Porta, don Boñiga, Manec de la Granera, Fluixdeventre y atres, los que crec que són coneguts vostres, pero ara no ton enrecordáu.
A tan gran Siñora, pos (dixán a una vora a la de Cacavincigli), si lo pensamén no mos engañe, ficarem als vostres dolsos brassos. Lo meche, que habíe naixcut y creixcut a Bolonia, no enteníe les paraules de éstos, per lo que en alló de la dona se va tindre per contén; y no mol después de estes histories li van di los pintós que habíe sigut admitit.
Y cuan a la nit siguién se teníen que reuní, lo mestre los va invitá als dos a amorsá, y cuan van acabá, los va preguntá la inissiassió que teníe que fé pera entrá an aquella compañía. A lo que Buffalmacco va di:

- Miréu, mestre, a vos tos convé trobá la manera de estátos esta nit a la hora del primé son damún de un dels sepulcres alts que fa poc tems han ficat fora de Santa María la Nova, en un dels vostres millós trajes ficat per a que comparegáu per primera vegada honorablemen dabán de la compañía; y tamé perque, per lo que se ha dit (que natros no ham estat allí) com sou noble, la condesa vol fétos caballé a la seua costa, y allí esperéu hasta que vingue a buscátos lo legat. Y per a que estigáu informat de tot vindrá a per vos una bestia negra y cornuda no mol gran, y anirá fen per la plassa, dabán de vos, grans bufits y bots per a espantátos; pero después, cuan veigue que no tos espantéu, to se arrimará desplay; y cuan estigue a la vostra vora, entonses, sense cap temó baixéu del sepulcro, y sense enrecodáton de Deu ni de los sans, pujéuli damún, y en cuan estiguéu a caball, fiquéutos les mans crusades al pit sense tocá mes a la bestia. Ella entonses se mourá y tos portará a natros; pero desde ara tos dic que si ton enrecordéu de Deu o dels sans, o si teníu temó, podrá aviátos o fótretos cops an algún puesto que be u sentiríeu;
y per naixó, si tos emprén lo cor de anay no hi aniguéu, que tos faréu mal sense fémos a natres cap favor.
Entonses va di lo meche: - No me coneixéu encara: miréu potsé que porto ficats guáns y robes llargues. Si sapiguéreu lo que hay fet yo de nit a Bolonia, cuan a vegades anaba de dones en los meus compañs tos maravillaríeu. A fe que va ñabé una nit, no volén una víndre en natros (y ere una desgrassiadeta, lo que es pijó, que no eixecabe un pam de enterra) y li vach fotre primé moltes puñades, después, eixecánla al vol crec que me la haguera emportat aixina com un tiro de ballesta y al final, vach fé que vinguere en natros. Y un atra vegada men enrecordo de que, están en mí sol un criat, un poc después del avemaría vach passá jun al sementeri de los flares menors: y aquell mateix día habíen enterrat allí a una dona y no vach tindre cap temó; aixina que no desconfiéu de mí, que soc mol valén. Y tos dic que, per a está ben honorable, me ficaré la toga escarlata en la que me vach doctorá, y voréu si la compañía sen alegre cuan me veigue y si me fan enseguida capitá. Ya voréu cóm va lo negossi cuan haiga estat yo allí si sense habém vist eixa condesa vol ya fém caballé, tan se ha enamorat de mí, ¿y es que la caballería me sentará mal?, ¿y la sabré portá tan mal, o be? Dixéume fé a mí.
Buffalmacco va di: - Mol be diéu; pero cuidéutos de no burlamos y no acudí, o que no tos trobon al puesto cuan enviem a per vos; y tos dic aixó perque fa fret y vatros los siñós dotós ton guardáu mol dell.

- ¡No vullgue Deu! - va di lo meche -. Yo no soc de eixos geleres, no me preocupe la rasca; a vegades me eixeco de nit per a fé de cos, com ña que fé a vegades, y me fico només una pellissa damún del jubón; y per naixó, en seguridat estaré allí.
Anánsen, pos, éstos, cuan se anabe fen de nit, lo mestre se va tapá en la bella toga, cuan li va pareixe oportú, sen va aná cap als dits sepulcros y va pujá damún; y ajupit damún de aquells mármols, caén la serena, va escomensá a esperá a la bestia.
Buffalmacco, que ere gran y robust de persona, habíe encarregat una de eixes máscares que solíen fés aná an algúns jocs que avui ya no se fan, y se va ficá damún una pellissa negra del revés, y se la va ficá de tal manera que pareixíe un onso, pero la máscara teníe la cara del diable y cuernos. Y aixina preparat, venín Bruno detrás per a vore cóm anabe lo assunto, sen va aná a la plassa nova de Santa María la Nova; y cuan sen va doná cuenta de que lo siñó dotó estabe allí, va escomensá a brincá y a fotre bots grandíssims per la plassa y a bufá y a quirdá y a chillá de guisa que pareixíe endemoniat. En cuan lo mestre lo va sentí y vore, tots los pels se li van ficá de punta, y va escomensá a tremolá tot ell perque ere temorica com una chiqueta, y va ñabé un momén en que haguere vullgut mes está a casa seua que allí; pero, sin embargo, ya que habíe anat allí, se va esforsá en tíndre valor, pos tan podíe lo dessich de arribá a vore les maravilles contades per aquells. Pero después de que Buffalmacco va diablejá bastán, com se ha dit, pareixén que se tranquilisabe se va arrimá al sepulcro y se va quedá quieto. Lo mestre, com encara tremolabe de po, no sabíe qué fé, si montá damún o quedás. Al final, temén que li faiguere mal si no pujabe, en la segona temó va vénse a la primera, y, baixán del sepulcro dién en veu baixa: «¡Deu me ajudo!», va muntá damún, y se va colocá prou be; y sempre tremolán va crusá los brassos en forma cortés com li habíen dit.
Entonses Buffalmacco va escomensá a adressás desplayet cap a Santa María de la Scala, y anán a cuatre potes lo va portá hasta los siñós de Rípoli. Estaben entonses per aquell barri les sanjes aon los llauradós de aquells cams féen soltá a la condesa de Civillari per a aboná los seus cams. Buffalmacco se va arrimá a la boca de una sanja y buscán lo momén oportú, ficán una ma daball de un dels peus del meche y en ella alsánlo, de una espenta lo va tirá de cap allí dins y va escomensá a gruñí mol y a saltá y a fé lo endemoniat, y per Santa María de la Scala sen va aná cap al prat de Ognisanti, aon se va trobá en Bruno que, per no pugué aguantás la rissa, se habíe escapat; y fénse festes la un al atre, se van ficá a mirá desde lluñ lo que fée lo meche rebossat.
Lo siñó meche, al sentís an aquell puesto tan abominable, se va esforsá en eixecás y va intentá eixí, y ara aquí, ara allá tornáe a caure, tot rebossat de peus a cap, dolorit y desgrassiat, habén tragat algúns grams, va pugué eixí fora, y va dixá allí la capucha; y desempastánse en les mans com milló podíe, no sabén qué fé, sen va entorná a casa y tan va cridá que lo van obrí. Y sol acabá de entrá putín a merda se va tancá la porta. Bruno y Buffalmacco estaben allí baix per a sentí cóm lo ressibíe la seua dona; y van sentí que li díe los mes grans insults que may se li han dit a un desgrassiat:
- ¡Ah, qué be te está! Ten has anat en consevol atra y volíes apareixe mol honorable en la toga escarlata. ¿Pos no ne tens prou en mí? Yo li valdría a un barri sansé, no ya a tú.
¡Ah, si com te van tirá allí aon eres digne de que te tiron, te hagueres aufegat!
¡Aquí está lo dotó honrat, té dona y va per la nit detrás de les dones de atres!

Y en estes y en atres moltes paraules, fénse lo meche rentá de dal a baix, hasta la mijanit no va callá la seua dona insultánlo. Después, al matí siguién, Bruno y Buffalmacco, habénse pintat a la pell moradures, van acudí a casa del meche y lo van trobá ya eixecat; y, entrán a vórel, van notá que encara putíe, encara no se habíe pogut airejá tota aquella corrompina. Y sentínlos víndre lo meche, va eixí a trobáls diénlos que Deu los donare bon día; a lo que Bruno y Buffalmacco, com habíen acordat, van contestá en cara enfadada:

- Aixó no tos u diem natros, sino que rogam a Deu que tos dono tan mala ventura que sigáu mort a espasa, com lo mes desleal y lo mes traidó viu, perque per culpa vostra (volén natros honrátos y donátos gust) casi mos maten com a gossos. Y per la vostra deslealtat mos han futut tans cops esta nit que en menos caminaríe un burro hasta Roma; sense contá en que ham estat en perill de sé expulsats de la compañía a la que habíem arreglat que tos ressibiguere. Y si no mos creéu, miréu les nostres carns cóm están.

Y a una llum massilenta que allí ñabíe, eixecánse les robes, li van amostrá la pell pintada y se van tapá enseguida. Lo meche volíe excusás y parlá de la seua desgrassia y de cóm y aón lo habíen aviát; a lo que Buffalmacco va di:

- Yo voldría que tos hagueren tirat al Arno desdel pon; ¿per qué vau invocá a Deu o als sans?, ¿no tos u habíem advertit?

Va di lo meche que no sen enrecordabe.

- ¡Cóm! - va di Buffalmacco -, ¿no ton enrecordéu? Be que los vau invocá, que mos va di lo nostre legat que tremolábeu com un flan y que no sabíeu aón estábeu. Pos vos be mo la hau jugat, pero may mo la jugará dingú mes; y a vos tos darem lo vostre mereixcut.

Lo meche va escomensá a demanáls per Deu que no lo difamaren, y en les millós paraules que va pugué va intentá calmáls; y per temó de que la seua vergoña descubrigueren, si hasta entonses los habíe honrat, mol mes los va honrá y regalá en convits y atres coses desde entonses. Aixina pos, com u hau sentit, se enseñe al que tan no va adependre a Bolonia.

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