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dijous, 25 de juliol del 2024

1. 3. De cóm Pedro Saputo se va ficá mol fort.

Capítul III.

De cóm Pedro Saputo se va ficá mol fort.

Eixecacóduls, haciendo escuela, Moncho, pedrolo, piedra, roca

A los nou añs se anáe ya arrimán, y encara no parláe de aná a la mostra. Sa mare u sentíe, pero calláe, encomanán a Deu la sort del seu fill y la seua. Les seues diversions eren corre mol, jugá a la pilota y saltá y caminá per bardes y parets, ere tan ligero y sereno, que en la mes gran fassilidat se empináe als tellats mes alts y eixíe y se ficáe dret a un caballó, y miráe al carré y no se ni anáe lo cap. Una vegada, ajudat de atres sagalets, va atravessá un tauló prim desde un tellat al atre y va passá per nell moltes vegades, y balláe al mich y corríe a la coj, coj, y fée atres mil moneríes. Tamé solíe aná en los llauradós als cams, y tot lo día estáe preguntán de les faenes, y terres, plantes y estassions. Ere mol charraire. Aixó, així com atres moltes coses, se u va traure del ventre de sa mare, igual que una careta majíssima, ulls amorosos, mirada expresiva y profunda, y un aire grassiós y noble, tots teníen ficats los ulls an ell, y ell robáe lo cor a tots, pareixíe un encantamén. Un día va arribá en gran pena a casa perque un mosset del seu tems li habíe guañat a reñí, y li va di a sa mare que li diguere per qué li habíe vensut si no ere mes alt y teníen la mateixa edat. Sa pobre mare no sabíe qué contestali; al final se li va ocurrí dili que aixó consistíe en que com l’atre pesolaga ere llauradó y fée aná les forses, se habíe endurit y encara que ere tan chiquet com ell, ere mes fort. Va quedá satisfet de esta raó; y aquell mateix día va aná a casa sa padrina, y li va rogá a son padrí (que no ere mes que lo home de sa padrina, que fée tems que se habíe casat) que li portare en lo carro sing o sis pedres mol grosses, tan grans com un arca; y lo padrí, que lo volíe com si fore fill, li va doná lo gust y va portá en dos tongades set roques, unes mes grosses, y atres menos, y una mol gran, y se les va fé entrá al corral de casa seua, lo quels va costá no pocs esforsos a micha dotsena de guañapans.

roquerols, Cristian Laborda Lombarte, Valderrobres

Desde aquell día estáe seguit regirán les pedres en una palanca y les minudes en los brassos, volcanles, cambianles de puesto, fen grans esforsos, y suán y jurán com si estiguere condenat an aquell traball del infern. Tamé va fé afilá dos destrals velles que estáen per allí, y com descans del ejercicio dels barroculs agarráe una estral y fée esclops y bades a uns trongs de carrasca que se va fé portá. No contén en aixó va demaná una massa y chafáe y machacáe la roca mes gran. Al cap de tres o cuatre mesos, pera probá les seues forses, va cridá al sagal de marres y li va di que habíen de reñí un atra vegada; lo zagal no volíe, pero ell lo va amenassá que lo arrastraríe com un gat mort, y lo va obligá y van reñí en gran passió y bravura. Va guañá Pedro Saputo, pero en tanta ventaja, que después se probáe a reñí en atres mes granets y tamé los guañáe fassilmen. Y va di a sa mare: ya hay vist, siñora mare, que me va di la verdat cuan la riña de Geronimillo, pos en lo tombá de les roques y lo ejercicio de la destral y la massa, y alguna vegada que me fico a cavá en los llauradós, me hay ficat tan fort que guaño a tots los sagals del meu tems y hasta algúns atres mol mes grans. Bon secreto me va enseñá. Yo li prometixgo que no me guañará datre a luchá ni a pegá puñades, y hasta hay de derrocá y cossejá, encara que sigue a un chagán que se atrevixque a enfrentás en mí. Y així va sé, perque entrenán mol les forses, y en la bona y perfecta complexió y salut del seu cos, va alcansá mol grans bríos, y va sé tan forsut, que después, tan per diversió com per probás agarráe dos o tres homens y jugáe en ells com si foren tochets de fe calseta.

Original en castellá:

Capítulo III.

De cómo Pedro Saputo adquirió grandes fuerzas.

A los nueve años se iba ya acercando, y aún no hablaba de ir a la escuela. Su madre lo sentía, pero callaba, encomendando a Dios la suerte de su hijo y la suya.

Sus diversiones eran correr mucho, jugar a la pelota y saltar y andar por bardas y paredes, siendo tan ligero y sereno, que con la mayor facilidad se subía a los tejados más altos y salía y se ponía derecho en el alero, y miraba a la calle y no se le desvanecía la cabeza. Una vez, ayudado de otros rapaces, atravesó un madero delgado de un tejado a otro y pasó por él muchas veces, y bailaba en medio y corría a la coj, coj, y hacía otras mil monerías. También se solía ir con los labradores a los campos, y todo el día estaba preguntando de las labores, y tierras, plantas y estaciones. Como era muy hablado, que esto así como otras muchas cosas de él se lo sacó del vientre de su madre, igualmente un rostro hermosísimo, ojos amorosos, mirada expresiva y profunda, y un aire gracioso y noble, todos tenían puestos los ojos en él, y él robado el corazón a todos, que parecía encantamiento.

Un día fue con gran sentimiento a casa porque un muchacho de su tiempo le había ganado a reñir, y le dijo a su madre que le dijese por qué le había ganado no siendo más alto y teniendo la misma edad. Su pobre madre no sabía qué responderle; al fin le ocurrió decirle que eso consistía en que como el otro muchacho era labrador y ejercitaba las fuerzas, se había endurecido y aunque tan rapaz como él, era más fuerte. Quedó satisfecho de esta razón; y aquel mismo día fue a su madrina, y rogó a su padrino (que no lo era sino marido de su madrina, la cual había tiempo que casara) que le trajese con el carro cinco o seis piedras muy gruesas, tamañas como una arca; y el padrino, que lo quería como si fuese hijo, le dio gusto y trajo en dos veces siete peñas, unas más gruesas, y otras menos, y una muy grande, y se las hizo entrar en el corral de su casa, que costó no pocos trabajos a media docena de ganapanes.

Desde este día estaba continuamente revolviendo las piedras con una palanca y las pequeñas con los brazos, volcándolas, mudándolas de sitio, haciendo grandes esfuerzos, y sudando y jurando como si estuviese condenado a aquel trabajo del infierno. También hizo dar filo a dos destrales viejas que andaban por allí, y como descanso del ejercicio de las peñas tomaba una destral y hacía muescas y degüellos en unos troncos de encina que se hizo traer igualmente. No contento con esto pidió maza y rompía y majaba la peña más grande.

Al cabo de tres o cuatro meses, para probar sus fuerzas, llamó al muchacho de marras y le dijo que habían de reñir otra vez; el muchacho no quería, pero él le amenazó que lo arrastraría como un gato muerto, y le obligó y riñeron con grande ardor y bravura. Venció Pedro Saputo, mas con tanta ventaja, que después se probara a reñir con otros mayores y también los vencía fácilmente. Y dijo a su madre: ya he visto, señora madre, que me dijiste verdad cuando la riña de Geronimillo, pues con el volcar de las peñas y el ejercicio de la destral y la maza, y alguna vez que me pongo a cavar con los labradores, me he hecho tan fuerte que gano a todos los chicos de mi tiempo y aun a otros mucho mayores. Buen secreto me enseñaste. Yo os prometo que no me venza otro a luchar ni me gane a dar puños de mancar hombros y brazos, y me he de derrocar y acocear, aunque sea un gigante, al que se atreva a tomarse conmigo. Y así fue, porque ejercitando mucho las fuerzas, y con la buena y perfecta complexión y sanidad de su cuerpo, alcanzó muy grandes bríos, y fue tan esforzado, que después, si por diversión y prueba cogía dos o tres hombres, jugaba con ellos como si fuesen palillos de randa.

dimecres, 22 de gener del 2020

Lo carro vuit

Lo carro vuit.

Lo carro vuit.

Seguisco replegán charrades que pa mí sempre dúen alguna llisó que deuríem aprofitá y com están en castellá, intento traduiles al Chapurriau y donals lo mateis sentit en la nostra llengua.
“Un día anáen al campo lo agüelo “Sebeta” y lo seu net lo “Luiset” y, com sempre, mentres camináen, anáen charrán.
Va di lo agüelo:
-Luiset ¿Sens cóm canten los muisonets?
-Sí –va contestá lo menut- pareis una banda de música en mols instruméns.
-Y, entre lo soroll del campo, ¿Escoltes algo més? –va seguí lo yayo-
-No -li va contestá, Luiset-.
-Pos mira. Dintre de poc pasará per aquí un carro y encara te vach a dí algo més, eise carro va vuit.
-¿Vuit? –va repetí lo sagal- ¿Y cóm hu sap aisó, vusté? Si no l’ham vist, nil veem.
-Esperat un poc y lo veurás pasá, tú encara nol veus, pero yo si quel sentisco.
Cuan habíen pasat uns minuts, per la revolta va apareise lo carro del Sebastiá, en lo macho a les vares. Ara ya se sentíe lo ruido y tan cóm se anáe arrimán encara creisíe més, hasta que al pasá a la seua bora lo soroll ya ere una ruidera.
Lo Sebastiá va pará al macho y va saludá a la parella:
-Bon día tio “Sebeta” y Luiset.
-Bon día, Sebastiá: ¿De aón vens?
-Del Terme Fornols, hay anat a buidá un carro de fem a les meloneres, a ver si tením sort y este añ podém minchá melóns. Y vustés ¿Qué van, de paseo?
-Si chiquet, anem a veure cóm están los presecs, a ver si maduren. ¿Li disaríes al chiquet que se asomo dins del carro?
-No faltaríe més que miro tot lo que vullgue.
Lo sagal se empine un poc y mire dins de la caisa del carro. Allí al fondo sol ñá una borrasa y una cabegueta. Sen entorne y mire a son yayo. Lo agüelo apuche y baise lo cap, com donán a entendre: “Ya te hu había dit yo”.
Lo Sebastiá, lleve lo freno, arrée al macho y seguís lo seu camí en aquella escandalera de les rodes de fusta entropesán en les aigüeres y los grasóns del camí y la cabegueta saltán dintre de la caisa, per los moiméns del carro.
Al ratet, lo ruido ya está al bais de la costa y se sentís menos, la nostra parella que ha seguit caminán, puchán la costa, continue la charrada.
Parle lo chic:
-Pero Vusté ¿Cóm podíe sabre que veníe un carro y en cara més que anáe vuit? ¿Es magia?
Lo “Sebeta”, en tota la sensilles del mon, li diu:
-No fillet, no es magia, sol es pará conta a lo que veus, a lo que sens. De menut, igual que yo te fach ara, lo meu agüelo me va enseñá que cuan lo carro está vuit, desordenat, destartalat, fá més ruido. Aisí cuan hay sentit que al atre costat de la vall, retumbáe lo ruido de les rodes y la cabegueta, me hay donat conta de que lo carro baisáe per la costa y pronte se crusaríe en natres.
Lo sagal se va quedá marcat pa tota la vida y, desde entonses, cuan escolte o veu a algú charrán masa, no disán parlá als demés, sen mol alcahuet, alabánse a ell mateis, despresián als atres, en una palabra un charraire, li pareis sentí la veu de s’agüelo: “Cuan més vuit está lo carro, mes gran es lo soroll que fá”.”
FIN.

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