Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris memoria. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris memoria. Mostrar tots els missatges

dissabte, 27 de juliol del 2024

3. 1. Pedro Saputo visite alguns pobles. Se trobe al torná en un gran empeño als del seu poble.

Llibre tersé.

Capítul I.

Pedro Saputo visite alguns pobles. Se trobe al torná en un gran empeño als del seu poble.

¡Venerable antigüedat, amor del cor, encanto de la imaginassió, dessich del tems presén, gloria y honor dels pobles, de les nassions y de la humanidat, ajuntán sempre lo sel en la terra, als deus en los homens! ¡Salve! Tamé yo me alimento de la teua memoria, me exalto de les teues maravilles, magnifico a los teus héroes y contemplo estátic y ansiós lo mágic resplandó dels teus nugols arrebolats.

Mol tems fáe que Pedro Saputo dessichabe visitá los pobles historics del nostre regne; y libre ara de tota preocupassió y abans de que lo cridare alguna nova obra, va determiná satisfé la seua curiosidat. 

Va visitá, pos, los antics forts dels cristians, que eren Marcuello, que al seu tems encara se conserváe, Loharre, Montearagón y Alquézar (al qsar), que tan sélebres y nomenats són a les nostres histories.

A Alquézar habíe estat en los estudians, pero no va examiná les seues antigüedats, y va volé torná mol aposta a vóreles, y mes les pintures de la iglesia. Va vore unes opossisions de segón violín de aquella capelleta de música; aon van concursá sis opossitós. Per sert que al vore la parsialidat en la que se va jusgá la habilidat comparativa dels musics, va di: "Pamema de pamemes y tot pamemes es aixó de les opossisions; una cortina que cubrix una farsa; lo cumplimén de una ley lo seu espíritu no entre a la consiensia o se quede allí y no ix als efectes. Van competí aquí les mitres y les faldes, y van guañá les faldes.» Va sabé que ñabíe recomanassions de dos siñós obispos y de una siñora de títul, habense emportat la plassa lo recomanat per esta. Per lo demés, lo milló de ells li va pareixe sol mijanot. Y encara que en gust haguere agarrat lo violín y ficat en ridícul a tots, no va volé féu pera evitá la vanidat.

De Alquézar, per está tan prop y habé volgut sempre, va puchá a la serra de Guara. Va pujá, y una vegada a la punta va mirá infinidat de pobles que se veuen, sobre tot an aquell pressiós lienzo o llansol estés desde la falda al que diuen lo Semontano. Y va di: ¿ñaurá un atre paraís a la terra? Sol falte que u entenguen y valoron los que hi viuen.

Va mirá después cap al seu lloc (poble, vila), y va saludá a sa mare, a sa padrina, a san germaneta Rosa y a Eulalia; va bachá un atra vegada al poble, y va visitá lo alcázar de aon agarre lo nom aquella mol antiga y mol noble vila.

De ahí va pujá al Sobrarbe, y va visitá la seua capital, la famosa vila de Aínsa, poble entonses de singsens veíns y ara de poc mes de sen, habén sigut cremat a la guiarra de sucessió, y enrunats fée poc los seus valens forts; sén, sin embargo, una plassa que si tinguerem gobern siríe mes respetable y forta que la de Jaca y no menos importán y nessessaria.

Va pujá tamé a San Victorián; va visitá la antiga cova dels monjos, o sigue del san; va adorá lo cos de éste pensán en Alcoraz; va venerá lo sepulcre de don Gonzalo, y dudán del de Arista, va baixá y sen va aná a Jaca, desde aon va pujá a San Juan de la Peña.

251. NACIMIENTO DE SAN JUAN DE LA PEÑA (SIGLO VII. SAN JUAN DE LA PEÑA)

¡Oh, en quin respecte y amor va venerá les sendres dels nostres reys allí enterrats, y dels héroes que al seu costat dormen an aquell antic panteón y cova aon están les memories y tota la gloria de lo nostre regne!

Va sentí lo del vol del caball o lo salt al aire just al canto de aquella altíssima peña; va vore, meneján lo cap, les columnes, altera Troja, de que mos parle lo bon pare Briz Martínez, y al sabé de les rentes del monasteri y veén qué poc les nessessitáen los monjos, se va di per an ell: eixes rentes han de pedrels, primé pedrán a Deu, después pedrán lo món.

Tamé va pujá a la cova mes alta del monte Oruel; y después de respirá fondo va baixá per lo camí real cap a Almudévar, pero passán per Riglos, perque va volé vore los Mallos, aquelles peñes que pareixen malls o martells en renglera, en lo mánec embutit a la montaña. S’hi va atansá, y los va vore, y va pujá an ells, y en un gabiñet va escriure lo seu nom al fron del que mes erguit y solt té lo cap.

Cuan arribáe prop del seu lloc va vore una gran gentada a la part de fora, se sentíe un gran estrapalussi, brogit, crits y veus com de mando. Y ¿qué ere? No u haguere volgut vore; sego haguere vullgut está. Habíe caigut un rayo a la torre de la iglesia y la habíe inclinat una mica cap a un costat desde lo radé cos; y lligada en redol una maroma passán per damún dels edifissis de les cases hasta lo campo, estáen tots agarrats an ella y estirán pera adressala.

Així que lo van vore y van coneixe se van alegrá mol y lo van cridá, perque esperáen que en lo seu bon discurs se inventaríe alguna trassa pera animá lo intento, y li van di lo que passáe, que prou veíe ell y sentíe. Pero va dissimulá y va maná portá mes cordes y lligales a la maroma de la que estiráen; va repartí la forsa entre totes, y va di que lo llas de la torre no estáe ben ficat; y que abans de fé lo gran estiró volíe ell compóndrel. Va escalá la torre com un gat, y en una navalla va retallá la maroma sense dixali mes que una veta sana, pera que al menos puguere atribuí la desgrassia al poble. Va fé desde la teulada de la iglesia la siñal convenida, y a una veu que va doná lo encarregat de la direcsió de les forses, van estirá tots en tanta forsa y tan rápit que se va trencá la maroma y van caure tots de cul a enterra; estáe mol humida y blana y va quedá un forat mol gran, tardán tots no poc en alsás, ya que no podíen desapegás del fang. Va ploure per la tarde y tota la nit y se va umplí lo forat de aigua, y pel matí se van trobá en una bassa feta y dreta que encara al nostre tems, después de tans añs desde lo fet, se diu la bassa de la culada (que es mol pareguda a la de Fórnols, lo poble del autó).


Original en castellá:

Libro tercero

Capítulo I.

Pedro Saputo visita algunos pueblos. Encuentra al volver en un grande empeño a los de su lugar.

¡Venerable antigüedad, amor del corazón, encanto de la imaginación, deseo del tiempo presente, gloria y honor de los pueblos, de las naciones y de la humanidad, juntando siempre el cielo con la tierra, los dioses con los hombres! ¡Salve! También yo me alimento con tu memoria, me exalto con tus maravillas, magnifico a tus héroes y contemplo estático y ansioso el mágico resplandor de tus nubes arreboladas.

Mucho tiempo hacía que Pedro Saputo deseaba visitar los pueblos históricos de nuestro reino; y libre ahora de todo cuidado y antes que le llamase alguna nueva obra, determinó satisfacer su curiosidad. Visitó, pues, los antiguos fuertes de los cristianos, que eran Marcuello, el cual en su tiempo aún se conservaba, Loharre, Montearagón y Alquézar, que tan célebres son en nuestras historias.

En Alquézar había estado con los estudiantes, pero no examinó sus antigüedades, y quiso volver muy adrede a verlas, y más las pinturas de la iglesia. Presenció acaso unas oposiciones de segundo violín de aquella capilla de música; adonde concurrieron seis opositores. Por cierto que al ver la parcialidad con que se juzgó la habilidad comparativa de los músicos, dijo: «Pamema de pamemas y todo pamemas es esto de las oposiciones; una cortina que cubre una farsa; el cumplimiento de una ley cuyo espíritu no entra en la conciencia o se queda allí y no sale a los efectos. Compitieron aquí las mitras y las faldas, y vencieron las faldas.» Porque supo que había recomendaciones de dos señores obispos y de una señora de título, habiéndose llevado la plaza el comendado por ésta. Por lo demás, aun el mejor de ellos le pareció sólo mediano. Y aunque con gusto hubiera tomado el violín y ajado a todos, no quiso por evitar la vanidad.

De Alquézar, por hallarse tan cerca y haberlo siempre deseado, quiso subir a la sierra de Guara. Subió, y puesto en la cumbre miró infinidad de pueblos que se descubren, especialmente en aquel hermosísimo lienzo tendido desde su falda que llaman el Somontano. Y dijo: ¿habrá otro paraíso en la tierra? Sólo falta que lo entiendan y correspondan sus moradores.

Miró después su lugar, y saludó a su madre, y a su madrina y a su hermanita Rosa y a Eulalia; y se bajó otra vez al pueblo, y visitó el alcázar de donde se ha corrompido el nombre que lleva aquella antiquísima y nobilísima villa.

De ahí subió a Sobrarbe, y visitó su capital, la famosa villa de Aínsa, pueblo entonces de quinientos vecinos y ahora de poco más de ciento, habiendo sido quemado en la guerra de Sucesión, y arruinándose poco ha sus hermosos fuertes; siendo, sin embargo, una plaza que si tuviéramos gobierno sería más respetable y fuerte que la de Jaca y no menos importante y necesaria. Subió también a San Victorián; visitó la antigua cueva de los monjes, o sea del santo; adoró el cuerpo de éste pensando en Alcoraz; veneró el sepulcro de don Gonzalo, y dudando del de Arista, se bajó y fue a Jaca, de donde subió a San Juan de la Peña.

¡Oh, con qué respeto y amor veneró las cenizas de nuestros reyes allí enterrados, y de los héroes que a su lado yacen en aquel antiguo panteón y cueva donde están las memorias y toda la gloria de nuestro reino! Oyó encogiéndose de hombros lo del vuelo del caballo o su salto al aire en el canto de aquella altísima peña; vio, meneando la cabeza, las columnas, altera Troja, de que nos habla el buen padre Briz Martínez, y al saber de las rentas del monasterio y viendo cuán poco las necesitaban los monjes, dijo entre sí: esas rentas han de perdellos, primero con Dios, después con el mundo.

También subió a la cueva más alta del monte Oruel; y saciando su ávido pecho se bajó por el camino real hacia Almudévar, pero pasando por Riglos, porque quiso ver los Mallos, aquellas peñas que parecen martillos en fila, con el mango metido en la montaña. Y fue, y los vio, y subió a ellos, y con un cuchillo escribió su nombre en la frente del que más erguida y suelta tiene la cabeza.

Cuando llegaba cerca de su lugar vio una gran multitud de gente a la parte de afuera, oyéndose un grande murmullo, y gritos y voces como de mando. Y ¿qué era? No lo hubiese querido ver; ciego quisiera haber sido. Había caído un rayo en la torre de la iglesia e inclinándola un poco a un lado desde el último cuerpo; y atada alrededor una cuerda valiente y pasándola por encima de los edificios de las casas hasta el campo, estaban todos asidos de ella y tirando para enderezarla. Así que lo vieron y conocieron se alegraron mucho y le llamaron, porque esperaban que con su buen discurso les inventaría alguna traza para lograr su intento, y le dijeron lo que pasaba, que harto veía él y sentía. Pero disimuló y mandó traer más cuerdas y atarlas a la única de donde tiraban; repartió la fuerza en todas, y dijo que el lazo abrazador de la torre no estaba bien puesto; y que antes de hacer el tirón quería él componerlo. Fue allá, se encaramó a la torre como un gato, y con una navaja cortó disimuladamente la cuerda sin dejarle más que un ramal sano, para que al menos pudiera atribuir a desgracia el no haber salido el pueblo con la empresa. Hizo desde el tejado de la iglesia la señal convenida, y a una voz que dio el encargado de la dirección de las fuerzas, tiraron todos con tal y tan súbito esfuerzo que se rompió la cuerda y cayeron todos de culo en tierra; la cual estaba muy llovida y blanda y quedó hecho un hoyo muy grande, tardando no poco en levantarse, no pudiendo desasirse del lodo. Llovió por la tarde y toda la noche se llenó el hoyo de agua, y por la mañana se encontraron con una hermosa balsa hecha y derecha que todavía en nuestro tiempo, después de tantos años y del suceso, la llamaron y se llama aún ahora la balsa de la culada.


dimecres, 6 de gener del 2021

Lo Camí, IV.

Lo Camí a Amazon (tapa blana)

Lo Camí, IV. Molledo, Cantabria


IV.

Les coses van passá al seu momén y, ara, Daniel, lo Mussol, les recordabe en plena memoria. Son pare, lo formaché, va pensá un nom antes de tindre un fill; teníe un nom y lo mimabe y ere ya, casi, com tindre un fill. Después, mes tart, va naixe Daniel.
Daniel, lo Mussol, sen enrecordabe de les seues primeres passes per la vida. Son pare emanabe una auló penetrán, ere com un formache gigán, blanet, blang, pesadot.
Pero, Daniel, lo Mussol, disfrutabe de aquella auló que impregnabe a son pare y que lo inundabe an ell, cuan, a les nits de invern, al raconet del foc, acarissiánlo, li contabe la historia del seu nom. Lo formaché habíe volgut un fill mes que res pera pugué díli Daniel. Y lay díe an ell, al Mussol, cuan apenes teníe tres añs y cuan paupá lo seu cos menut, carnós y rechonchet equivalíe a prolongá la cotidiana faena de fé formaches.

Va pugué batejál en mil noms diferens, pero lo formaché va preferí Daniel.

- ¿Saps que Daniel ere un profeta que va sé tancat a una gabia en deu leóns y los leóns no se van atreví a féli mal? - li díe, apretánlo amorosamen. Lo poder de los ulls de este home ere prou pera mantindre a raya a una jauría de leóns, ere un poder superió al de tots los homens; ere un acontessimén insólit y portentós que desde chiquet habíe fascinat al formaché.

- Pare, ¿qué fan los leóns?

- Mossegá y esgarrapá.

- ¿Son pijós que los llops?

- Mol mes furos encara.

- ¿Queeeé?

Lo formaché fassilitabe la comprensió del Mussol com una mare que mastegue lo alimén abáns de donálay a son fillet.

- Fan mes mal que los llops, ¿entens? - díe.

Daniel, lo Mussol, no se cansabe:

- ¿Verdat que los leóns són mes grans que los gossos?

- Mol mes grans.

- ¿Y per qué a Daniel no li féen res?

Al formaché li agradabe contá aquella historia:

- Los guañabe sol en los ulls; sol miránlos; teníe als ulls lo poder de Deu.

- ¿Queeeé?

Apretabe al fill contra nell:

- Daniel ere un san de Deu.

- ¿Qué es assó?

La mare interveníe, en precaussió:

- Dixa ya al chiquet; li enseñes massa coses pera la edat que té.

Lay preníe al pare y lo gitabe. Tamé sa mare putíe a calostros y a collada. Tot, a casa seua, fée auló a collada y a lleit fermentada. Ells mateixos eren un perfume puro y decantat, eau de collé. Son pare portáe aquell tuf hasta al negre de les ungles de les mans. A vegades, Daniel, lo Mussol, no se explicabe per qué son pare teníe les ungles negres traballán en lleit o per qué los formaches eixíen blangs sén elaborats en aquelles ungles tan negres.

Pero después, son pare se va distansiá dell; ya no li fée arrumacos ni carantoñes ni pessiguañes. Y assó va sé desde que son pare sen va acatá de que lo chic ya podíe adependre les coses sol. Va sé entonses cuan va escomensá a aná a escola y cuan se va arrimá al Moñigo buscán amparo. Son pare, sa mare y la casa sansera, seguíen fen auló a calostros y a collada. Y an ell li seguíe agradán aquella auló, encara que Roc, lo Moñigo, diguere que an ell no li agradabe, perque putíe com los peus. Son pare se va distansiá dell com de una cosa feta, que ya no nessessite cuidás. Son pare se desilusionabe veénlo valdres per nell mateix, sense pressisá del seu patrossini. Pero, ademés, lo formaché se va torná callat y malhumorat. Hasta entonses, com díe la seua dona, habíe sigut com una pereta en vi. Y va sé lo cochino afán de estauviá lo que li va avinagrá lo carácter. Lo aforrá, cuan se fa a costa de una nessessidat insatisfeta, torne agres als homens. Aixina li va passá al formaché. Consevol gasto menut, un dessembolset de no res li produíen un disgust exagerat. Volíe estalviá, teníe que aforrá per damún de tot, pera que Daniel, lo Mussol, se faiguere un home a la siudat, pera que progressare y no fore com ell, un pobre formaché. Lo pijó ere que de aixó dingú traíe profit. Daniel, lo Mussol, may u compendríe. Son pare patín, sa mare rabián y ell fénse fotre, cuan lo tráureli lo patimén an ell significaríe lo final del patimén de tots los demés. Pero aixó haguere sigut trencá lo camí, resignás a que Daniel, lo Mussol, desertare de progressá. Y aixó no u faríe lo formaché; Daniel progressaríe encara que siguere a costa del sacrifissi de tota la familia, escomensán per nell mateix. No. Daniel, lo Mussol, no entendríe may estes coses, esta tossudería dels homens que se justificabe com un dessich lógic de liberás. Liberás, ¿de qué? ¿siríe ell mes libre al colegio, o a la Universidat, que cuan lo Moñigo y ell reñíen a boñigada llimpia als prats de la vall? Bueno, potsé sí; pero ell may u entendríe. Son pare no sabíe lo que fée cuan li va ficá lo nom de Daniel. Casi tots los pares de tots los chics ignoraben lo que féen al batejáls.
Y tamé u va ignorá son pare del maestre y son pare de Quino, lo Manco, y son pare de Antonio, lo Buche, lo del bazar. Cap dells sabíe lo que fée cuan don José, lo mossen, que ere un gran san, volcabe la clasca de vieira plena de aigua beneita sobre lo cap del ressién naixcut. O si sabíen lo que féen, ¿per qué u féen aixina, sabén que ere 
inútil? A Daniel, lo Mussol, li va durá lo nom lo que la primera infansia. Ya al colegio va dixá de dís Daniel, com don Moissés, lo maestre, va dixá de dís Moissés al poc de arribá al poble. Don Moissés, lo mestre, ere un home alt, arguellat y ñirviós. Algo aixina com un esqueleto recubert de pell. Assobín torsíe mija boca com si intentare mossegás la orella. Lo cansamén o la alegría li féen assentuá los momos de tal manera que la boca se li estirabe hasta les pulseres, lo pols, les patilles, que se afeitabe mol aball. Ere una cosa rara aquell home, y a Daniel, lo Mussol, lo va assustá y al mateix tems se va interessá per nell desde lo primé día de conéixel. Li díe Peó, com los atres sagals lo motejaben, sense sabé per qué. Lo día que li van explicá que lo va rebatejá lo juche aixina perque don Moissés "avansabe de frente y minjabe de costat", Daniel, lo Mussol, se va di que "bueno", pero va continuá sense enténdreu y diénli Peó una mica a tontes y a loques. 

Per a Daniel, lo Mussol, en verdat ere curiós, y tot lo que lo rodejabe u trobabe nou y digne de considerassió. La escola, com es natural, li va cridá la atensió mes que datres coses, y mes que la escola en sí, lo Peó, lo maestre, y la seua boca inquieta, incansable y les seues negres y espesses patilles de assaltacamins.

Germán, lo fill del sabaté, va sé lo que primé va repará en la seua manera de mirá les coses. Un modo de mirá les coses en atensió, consiensut, insassiable.

- Fixéuton - va di -; u mire tot com si se assustare.

Y tots lo van mirá en mortificán detenimén.

- Y té los ulls verds y redons com los gats - va afegí un nebot lluñá de don Antonino, lo marqués.

Un atre va pressisá encara mes y va sé lo que li va fotre la martellada:

- Mire com un mussol.

Y en Mussol se va quedá, pesse a son pare y pesse al profeta Daniel y pesse als deu leóns tancats en ell a una gabia y pesse al poder hipnótic dels ulls del profeta.
La mirada de Daniel, lo Mussol, per damún dels dessichos de son pare, lo formaché, no servíe ni pera apassiguá a una jauría de chiquets. Daniel se va quedá de porta pera dins. Fora de casa sol se li díe Mussol. Son pare va luchá una mica per a conservá lo seu antic nom y hasta un día va empendre a la donota (mujeruca) que portabe género fresc en lo tren mixto; pero va sé en balde. Tratá de impedí alló ere lo mateix que tratá de aguantá la impetuosa corrén del riu al desgel de la primavera, algo en vano. Y ell siríe, desde entonses, lo Mussol, com don Moissés ere lo Peó; Roc lo Moñigo; Antonio, lo Buche; doña Lola, la tendera, la Pesteta gran, y les de Teléfonos, les Caques o les Llebres. Aquell poble administrabe lo sacramén del batech en una pródiga y mordás desconsiderassió.

Lo Camí, IV.

Lo Camí a Amazon (tapa blana)

IV.


Les
coses van passá al seu momén y, ara, Daniel, lo Mussol, les
recordabe en plena memoria. Son pare, lo formaché, va pensá un nom
antes de tindre un fill; teníe un nom y lo mimabe y ere ya, casi,
com tindre un fill. Después, mes tart, va naixe Daniel.
Daniel,
lo Mussol, sen enrecordabe de les seues primeres passes per la vida.
Son pare emanabe una auló penetrán, ere com un formache gigán,
blanet, blang, pesadot.
Pero, Daniel, lo Mussol, disfrutabe de
aquella auló que impregnabe a son pare y que lo inundabe an ell,
cuan, a les nits de invern, al raconet del foc, acarissiánlo, li
contabe la historia del seu nom. Lo formaché habíe volgut un fill
mes que res pera pugué díli Daniel. Y lay díe an ell, al Mussol,
cuan apenes teníe tres añs y cuan paupá lo seu cos menut, carnós
y rechonchet equivalíe a prolongá la cotidiana faena de fé
formaches.


Va
pugué batejál en mil noms diferéns, pero lo formaché va preferí
Daniel.


-
¿Saps que Daniel ere un profeta que va sé tancat a una gabia en deu
leóns y los leóns no se van atreví a féli mal? - li díe,
apretánlo amorosamen. Lo poder de los ulls de este home ere prou
pera mantíndre a raya a una jauría de leóns, ere un poder superió
al de tots los homens; ere un acontessimén insólit y portentós que
desde chiquet habíe fascinat al formaché.


-
Pare, ¿qué fan los leóns?


-
Mossegá y esgarrapá.


-
¿Son pijós que los llops?


-
Mol mes furos encara.


-
¿Queeeé?


Lo
formaché fassilitabe la comprensió del Mussol com una mare que
mastegue lo alimén abáns de donálay a son fillet.


-
Fan mes mal que los llops, ¿enténs? - díe.


Daniel,
lo Mussol, no se cansabe:


-
¿Verdat que los leóns són mes grans que los gossos?


-
Mol mes grans.


-
¿Y per qué a Daniel no li féen res?


Al
formaché li agradabe contá aquella historia:


-
Los guañabe sol en los ulls; sol miránlos; teníe als ulls lo poder
de Deu.


-
¿Queeeé?


Apretabe
al fill contra nell:


-
Daniel ere un san de Deu.


-
¿Qué es assó?


La
mare interveníe, en precaussió:


-
Dixa ya al chiquet; li enseñes massa coses pera la edat que té.


Lay
preníe al pare y lo gitabe. Tamé sa mare putíe a calostros y a
collada. Tot, a casa seua, fée auló a collada y a lleit fermentada.
Ells mateixos eren un perfume puro y decantat, eau de collé.
Son pare portáe aquell tuf hasta al negre de les ungles de les mans.
A vegades, Daniel, lo Mussol, no se explicabe per qué son pare teníe
les ungles negres traballán en lleit o per qué los formaches eixíen
blangs sén elaborats en aquelles ungles tan negres.


Pero
después, son pare se va distansiá dell; ya no li fée arrumacos ni
carantoñes ni pessiguañes. Y assó va sé desde que son pare sen va
acatá de que lo chic ya podíe adependre les coses sol. Va sé
entonses cuan va escomensá a aná a escola y cuan se va arrimá al
Moñigo buscán amparo. Son pare, sa mare y la casa sansera, seguíen
fen auló a calostros y a collada. Y an ell li seguíe agradán
aquella auló, encara que Roc, lo Moñigo, diguere que an ell no li
agradabe, perque putíe com los peus. Son pare se va distansiá dell
com de una cosa feta, que ya no nessessite cuidás. Son pare se
desilusionabe veénlo valdres per nell mateix, sense pressisá del
seu patrossini. Pero, ademés, lo formaché se va torná callat y
malhumorat. Hasta entonses, com díe la seua dona, habíe sigut com
una pereta en vi. Y va sé lo cochino afán de estauviá lo que li va
avinagrá lo carácter. Lo aforrá, cuan se fa a costa de una
nessessidat insatisfeta, torne agres als homens. Aixina li va passá
al formaché. Consevol gasto menut, un dessembolset de no res li
produíen un disgust exagerat. Volíe estalviá, teníe que aforrá
per damún de tot, pera que Daniel, lo Mussol, se faiguere un home a
la siudat, pera que progressare y no fore com ell, un pobre formaché.
Lo pijó ere que de aixó dingú traíe profit. Daniel, lo Mussol,
may u compendríe. Son pare patín, sa mare rabián y ell fénse
fotre, cuan lo tráureli lo patimén an ell significaríe lo final
del patimén de tots los demés. Pero aixó haguere sigut trencá lo
camí
, resignás a que Daniel, lo Mussol, desertare de progressá.
Y aixó no u faríe lo formaché; Daniel progressaríe encara que
siguere a costa del sacrifissi de tota la familia, escomensán per
nell mateix. No. Daniel, lo Mussol, no entendríe may estes coses,
esta tossudería dels homens que se justificabe com un dessich lógic
de liberás. Liberás, ¿de qué? ¿siríe ell mes libre al colegio,
o a la Universidat, que cuan lo Moñigo y ell reñíen a boñigada
llimpia als prats de la vall? Bueno, potsé sí; pero ell may u
entendríe. Son pare no sabíe lo que fée cuan li va ficá lo nom de
Daniel. Casi tots los pares de tots los chics ignoraben lo que féen
al batejáls.
Y tamé u va ignorá son pare del maestre y son
pare de Quino, lo Manco, y son pare de Antonio, lo Buche, lo del
bazar. Cap dells sabíe lo que fée cuan don José, lo mossen, que
ere un gran san, volcabe la clasca de vieira plena de aigua beneita
sobre lo cap del ressién naixcut. O si sabíen lo que féen, ¿per
qué u féen aixina, sabén que ere 
inútil?
A Daniel, lo Mussol, li va durá lo nom lo que la primera infansia.
Ya al colegio va dixá de dís Daniel, com don Moissés, lo maestre,
va dixá de dís Moissés al poc de arribá al poble. Don Moissés,
lo mestre, ere un home alt, arguellat y ñirviós. Algo aixina com un
esqueleto recubert de pell. Assobín torsíe mija boca com si
intentare mossegás la orella. Lo cansamén o la alegría li féen
assentuá los momos de tal manera que la boca se li estirabe hasta
les pulseres, lo pols, les patilles, que se afeitabe mol aball. Ere
una cosa rara aquell home, y a Daniel, lo Mussol, lo va assustá y al
mateix tems se va interessá per nell desde lo primé día de
conéixel. Li díe Peó, com los atres sagals lo motejaben, sense
sabé per qué. Lo día que li van explicá que lo va rebatejá lo
juche aixina perque don Moissés "avansabe de frente y minjabe
de costat", Daniel, lo Mussol, se va di que "bueno",
pero va continuá sense enténdreu y diénli Peó una mica a tontes y
a loques. 

Per a Daniel, lo Mussol, en verdat ere curiós, y tot
lo que lo rodejabe u trobabe nou y digne de considerassió. La
escola, com es natural, li va cridá la atensió mes que datres
coses, y mes que la escola en sí, lo Peó, lo maestre, y la seua
boca inquieta, incansable y les seues negres y espesses patilles de
assaltacamíns.


Germán,
lo fill del sabaté, va sé lo que primé va repará en la seua
manera de mirá les coses. Un modo de mirá les coses en atensió,
consiensut, insassiable.


-
Fixéuton - va di -; u mire tot com si se assustare.


Y
tots lo van mirá en mortificán detenimén.


-
Y té los ulls verds y redóns com los gats - va afegí un nebot
lluñá de don Antonino, lo marqués.


Un
atre va pressisá encara mes y va sé lo que li va fotre la
martellada:


-
Mire com un mussol.


Y
en Mussol se va quedá, pesse a son pare y pesse al profeta Daniel y
pesse als deu leóns tancats en ell a una gabia y pesse al poder
hipnótic dels ulls del profeta.
La mirada de Daniel, lo Mussol,
per damún dels dessichos de son pare, lo formaché, no servíe ni
pera apassiguá a una jauría de chiquets. Daniel se va quedá de
porta pera dins. Fora de casa sol se li díe Mussol. Son pare va
luchá una mica per a conservá lo seu antic nom y hasta un día va
empendre a la donota (mujeruca) que portabe género fresc
en lo tren mixto
; pero va sé en balde. Tratá de impedí alló
ere lo mateix que tratá de aguantá la impetuosa corrén del riu al
desgel de la primavera, algo en vano. Y ell siríe, desde entonses,
lo Mussol, com don Moissés ere lo Peó; Roc lo Moñigo; Antonio, lo
Buche; doña Lola, la tendera, la Pesteta gran, y les de Teléfonos,
les Caques o les Llebres.
Aquell poble administrabe lo sacramén del batech en una pródiga y
mordás desconsiderassió.

diumenge, 4 de novembre del 2018

Lo foc

Ara cuan se arrime lo fret, me ve a la memoria aquells tems en que no ñabíe calefacsió y la cuina y la estufa eren coses de chen acomodada.

Lo foc


La chen sensilla sol teníe lo foc bais y alguns sortuts un brasé pa la taula redoneta, eissa a la que li diuen “camilla”.

Pa dormí se portáe la bossa de aigua calenta, lo tobot recalentat, los calsetins gorts y la caloreta del que dormíe a la teua bora.

Ñabíe mantes y a camins borrases pa dormí damún de la palla de la pallisa, sobre tot cuan veníen hostes y sels dissáen los llits, ni bons ni ruins, los únics que ne teniem, p’an ells y los de casa en les mules que tamé donaén caloreta y alguna que atra oloreta, pero an aquells tems los nasos no eren tan fins com ara. No ñabíe ambientadós si acás algún manoll de romé o timó florit, penchat de la llumera del techo, que tamé donáe bona oló.

Tot l’añ se anáe replegán lleña, tenín en cuenta que tot l’añ fae falta pos se fae lo minchá al foc en los topins, les caseroles, les olles y les paelles, en les seues corbetores, posanlos a la bora de les brases, de la siandra.

No se desperdissiáe res, tot se aprofitáe. Me enrecordo de les oliveres que se secáen o que ñabíe que arrencáles perque molestáen o perque se habíen tornat bordes. Prime en lo serrucho de dos mans, ben engrassat en un tros de cona del pernil, se talláe lo tronc o los troncs que tinguere y se trosecháen, en lo mateis serrucho, en lo de una má o en la estraleta. Se fáen troncs curts, pa podels portá a casa. Y allí, cuan plovíe o neváe prau pa no podé isi de casa, a la entrada o al corral, lo que ne tinguere y sino al carré, en la estral gran se fáen ascles. Éstes se replegáen a un clapé, aprofitán, sobre tot los puestos que quedáen vuits, davall de les escales. Allí ben ordena(d)es, en los troncs menuts.

Tamé se guardáen les ascletes, les rametes y los papés. Tot asó es lo que primé se posáe al foc, se enseníe en un misto y cuan preníe se anáen posán troncs y ascles cada camí més grans hasta fe una bona foguera.

Al puesto del foc, a la cuina, se fáe lo foc an tiarra, ñabíe una plancha que se posáe contra la paret, pa que no se recalentaren los tobots o los tabics de la paret en les flames. Tot aissó estáe devall de una chumenera, per aón sen anáe casi tot lo fum, dic casi tot, perque una part, l’aire del carré lo fáe revocá y tornáe per avall, plenánmos de fum y d’oló de fum pa tot lo día, sobre tot lo pial del cap.

M’enrecordo que la nostra plancha teníe la figura de San Miquial, lo San del poble, calsigán al dimoni, es com si ademés de la caló a la paret mos guardare del foc del infiarn.

Ñabíe una mancha pa bufá la flameta menudeta, sobre tot cuan la lleña estáe humida, o al prinsipi cuan se enseníe lo foc y se tornáe a apagá.

Com es natural se fáe molta siandra que después se empleáe com abono pal campo, ya u hay dit mols camins, no se desperdissiáe res, natres SÍ que ressicláem, no com ara.

En la fusta de algúns álbres, ñabíe que tindre mol cuidau, pues esclafáen y soltáen un mun de purnes que eren mol perilloses, pos podíen pendre a la lleña que estáe de reserva o a cualquiera que estare a la bora, y an aquells tems no ñabíe extintós, si acás algún sifó de la casa Arrufat de Valderrobres.

Cuan lo trevall del campo dissáe algún día lliure que ere casi mai, mos dedicá(b)em a arrencá les soques de les oliveres talla(d)es. Se fáe un forat a tot lo voltán hasta descubrí tot lo tronc y les arraíls que ñabíen dintre de la tiarra. Lo que podíem u serráem en lo serrucho de dos mans. Lo demés se fáe en una estral gran; se claváe a la fusta, a on conveníe, y después se posáe un tros de fiarro, com si fore lo cap, lo tall, de la astral, y a pegá en un mall, saltáen chispes y trossets de fiarro, hasta que se conseguíe badá la soca, sino se posáen mes trossos de fiarro y se golpecháen hasta conseguíu.

Los trossos grans que se anáen soltán, se partíen mes menuts y a casa, a esperá la neu, pa fe ascles y guardales al clapé pal inviarn o pa cuan faren falta.

Ya tením lo foc y la lleña a la habitasió que li diem cuina. Al voltán del foc ñabíe cadires de fusta, de corda normal y de corda de palla. Allí, cuan arriváe la nit, mos sentáem tots, ben pretets pa que no se escapare ni una caloreta, tenín en cuenta que per les escales pucháe un fret que se coláe del carré per les rendijes y les bades de la porta.

Al “RACONET DEL FOC” se posáe la persona més importanta de la familia, lo agüelo, ere lo jefe de la familia y eisse puesto li estáe reservat, dingú se atrevíe a lleválu, ell teníe lo feis de la lleña a la seua bora y sabíe cuan teníe que afechí un tronc.

Allí se depreníe la vida, ere la universidat dels críos, les persones grans parláen de tot y tú escoltáes y te empapáes com una esponcha de tot lo que sentíes. Ya sabeu “cuan sigues pare mincharás aus.”

Soliem comprá sardines de cubo ,ere un dels minchás més barats, te les veníen embolicáes en un papé fort, crec que ere de estrasa.

Cuan paráem rateres y teníem sort y caíen torts o muixonets, los peláem al voltán del foc tirán les plumes a les brases pa que se cremaren. Als bichos los traiem les tripetes y la mollega y les posáem a les brases en un tros de aquell papé de estrasa, en un chorret de oli y un pessiguet de sal. Qué bones estáen. Si algú camí podeu, probeules.

Algún día si neváe mol y no se podíe eissí al carré o si l’agüelo estáe malal lo veíes al seu racó pegan alguna becá, mich sondormit.

Me preguntaréu ¿per qué tos conto estes coses?, pues perque ara que yo ya soc tamé agüelo, com fa este fret, trobo en falta lo racó del foc y sobre tot trobo en falta a m’agüelo. Bona nit agüelo José.

FIN

Entrada destacada:

El català de l'any 842, Strasbourg

SERMENTS  PRÊTÉS A STRASBOURG EN 842 PAR  CHARLES-LE-CHAUVE , LOUIS - LE-GERMANIQUE ,  ET LEURS ARMÉES RESPECTIVES. (Nota del editó,  Ramón ...