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diumenge, 30 d’octubre del 2022

CARTA XCII. Antigüedad de la iglesia de Gerona.

CARTA XCII. 

Antigüedad de la iglesia de Gerona: su catedral siempre fue la de Santa María, nunca la de San Félix, sino interinamente mientras dominaron los Moros en la ciudad: el clero de ambas iglesias profesó la canónica Aquisgranense desde fines del siglo IX: restauración de dicha canónica en el XI: pruebas de esto, y de que no se observó aquí la regla de San Agustín ni la de San Benito: noticia de lo que era el mazo de San Benito: varios ritos monacales de esta iglesia fueron la causa de esta opinión: noticia de ellos y de lo que era el Prepósito: número, orden y nombres de sus arcedianatos: número y calidades de los canónigos: cuándo y cómo pasaron a serlo los presbíteros llamados de Capítulo: origen de sus beneficiados: quien concurría a las elecciones de Obispos: cuando comenzó a elegirlos el Papa: sujeción de esta iglesia a la de Narbona: su título (titular en el índice), sello, hermandad con la de Puy en Francia: cuánto tiempo duró la fiesta a Carlo Magno: vestidos corales de los canónigos.

Mi querido hermano: Mucho se ha escrito sobre la antigua cristiandad de Gerona haciéndola remontar algunos historiadores hasta los tiempos apostólicos, colocando en esta Sede por primer Obispo a San Máximo, discípulo de Santiago. Algo más reciente ha de ser si San Saturnino fue el primer apóstol de estos países, como dan por supuestos algunos monumentos de nuestros monasterios e iglesias. Mas aun dejando aparte los primitivos tiempos, en que es muy verosímil que estuviese propagada por acá la religión, nos consta que lo estaba ya a fines del siglo III, como se ve en las actas de los mártires que padecieron a principios del siglo IV, que cierto no debía ser tan nueva la religión aquí en 303, cuando apenas llegado Daciano a España ya destinó a Gerona un vicepresidente tal como Rufino, que muy de asiento y de propósito persiguiese los templos de Dios vivos y muertos. 

Y constando que aquella persecución comenzó por derribar y asolar las iglesias como principal objeto suyo, se ha de tener por indubitable que la había ya en esa época en Gerona, y que era Sede de su Obispo propio llamado Poncio, martirizado en 303, y lugar donde se congregase la muchedumbre de cristianos, que debía ser considerable si se ha de calcular por los que murieron en esa persecución, que son más de doscientos, digo los conocidos.

El lugar donde estaba esta iglesia no puede ser otro que el actual, no habiendo quien dispute esta preeminencia sino la iglesia de S. Félix, y disputándolo esta a lo que entiendo sin razón. Porque el lugar donde ahora está el templo de este Santo era a fines del siglo III y principios del IV cementerio de los cristianos, donde consta que fueron sepultados casi todos los mártires y señaladamente San Félix Africano, y S. Narciso Obispo. Y como la disciplina de aquel tiempo no permitía que nadie se enterrase en iglesias, síguese que no la había ni catedral ni subalterna en el lugar indicado; el cual por otra parte estaba entonces extramuros de Gerona y delante de la puerta por donde se tomaba el camino de las Galias; circunstancias que comprueban la oportunidad de aquel sitio para cementerio y la importunidad para una Sede o iglesia matriz. Más adelante se verá el origen de esta pretensión. 

Decía, pues, que Rufino destruyó la catedral antigua, de modo que el citado Obispo San Poncio y sus fieles no tenían otro lugar donde congregarse que las criptas o soterráneos, y lo mismo aconteció a San Narciso, el cual fue muerto por los perseguidores en una de aquellas venerables juntas en el mismo cementerio que ahora decía. Que si se dice muerto en la iglesia de San Félix tomaron con grande impropiedad la iglesia que se construyó después por el terreno o sitio de ella. Cesando al cabo de ocho o diez años la persecución, y llegada la paz de Constantino, luego hallamos en esta ciudad dos iglesias cuyo examen importa mucho para la historia de esta Sede. Llamose la una de San Félix, levantada sobre el mismo cementerio o lugar donde había sido sepultado aquel insigne mártir, que por lo heroico y brillante de su martirio, y por la fama y celebridad que le dieron los himnos de Prudencio, se llevó la principal advocación del templo, oscureciendo en cierto modo el nombre de San Narciso, y del otro Félix, su diácono, sepultados en el mismo lugar. Bien se echa de ver cuán conforme era la erección de este templo a la disciplina de la época en que cesaron las persecuciones, cuando en todas partes se levantaron iglesias sobre los sepulcros de los mártires. Y así sin dificultad se puede fijar la época de esta hacia los años 320 o cosa tal.

Tampoco dudo que sea del mismo tiempo la otra iglesia intitulada constantemente de Santa María, y situada en el mismo lugar donde hoy está la catedral nueva, Sede propia de los Obispos de esta ciudad. Porque cierto es que por ardiente que fuese la devoción de los Gerundenses a San Félix Africano, primero debía restablecerse la Sede e iglesia matriz ya que había libertad para ello. Y que esta lo fuese la de Santa María, y no la de San Félix, aún en el siglo IV, lo persuade el haberlo sido en el siglo VII, porque no había razón ni es creíble que los Obispos de este último siglo ocupasen otra Sede que la que tuvieron los del IV. Pues a principios del siglo VII dice San Ildefonso (de viris illustribus, cap. X) entre otros elogios de San Nonito, Obispo Gerundense, adhaerens instanter obsequiis sepulcri S. Felicis Martyris. Circunstancia nada notable en un Obispo que asistía diariamente en su catedral, si esta lo hubiera sido el templo donde estaba el sepulcro de S. Félix. Por donde parece claro que era distinto de este el de la catedral, el cual estaba dentro de los muros cual correspondía a la iglesia matriz.

Por esta última razón cuando los moros se apoderaron de Gerona hacia el año 717, tomaron para su mezquita la catedral, y para los Cristianos que quedaron pecheros, quedó libre el uso del templo exterior de San Félix, a donde trasladó el Obispo su Sede y todo el culto de la catedral; y allí permaneció hasta la restauración de 785. De este espacio de sesenta años, dice un Cronicón de Ripoll hablando de esta restauración de la catedral, quae tunc erat in ecclesia S. Felicis (Marca hispánica, col. 250): y más claramente lo dice un sermón del Obispo Oliva: Ibi (en la iglesia de San Félix) erat ecclesia cathedralis tempore infidelium; porque no habiéndolo sido en los tres primeros siglos, no hay otra época a que convenga el tempore infidelium sino a los sesenta años del dominio de los moros.

Conquistada esta ciudad por las armas de Carlo Magno, o más bien por los Cristianos que quedaron en ella, se restauró la catedral y la Sede episcopal en el lugar en que ahora está. Desde esta época de mayor luz quedan innumerables documentos que acreditan que la catedralidad no ha mudado de lugar. De modo que a la actual iglesia de Santa María, que es ahora distinta de la de S. Félix, es la misma que lo era en los diplomas del siglo IX y siguientes. Y este es a la verdad un argumento muy sólido para probar que el templo de S. Félix no disfrutó jamás este honor sino interinamente en los sesenta años de cautiverio. Porque no es presumible que un templo tan respetable ya por su famoso titular fuese despojado del honor episcopal que había disfrutado desde la paz de Constantino si tal hubiese. Ni se hallará que Carlo Magno u otro Príncipe de aquel tiempo despojase tan ligeramente los templos de su antiguo honor en las ciudades que conquistaban de los moros. Esto era mucho menos verosímil en Gerona, que en medio de la barbarie de los árabes supieron mantener el culto cristiano en la iglesia de San Félix, por donde no había título para que se temiese alguna mengua en las invasiones venideras. Así que no fue este el motivo de la mudanza de la catedral al lugar donde está, sino la restitución del derecho que tenía este sitio profanado con las impurezas del Corán en aquellos sesenta años. Trata este punto con más extensión Dorca en la obra de los mártires. Sea con motivo de la sobredicha traslación de catedralidad al templo de S. Félix, sea por otra causa, el clero de ambas iglesias se consideró uno solo hasta el siglo X; de lo cual da algunas pruebas el mismo escritor. A mediados de ese siglo se dividió un clero de otro, y el de San Félix suena gobernado por abad propio, como se dirá otro día. Aún antes de esa división se había ya introducido aquí la Vita canónica Aquisgranense, comúnmente admitida por las iglesias de Cataluña en aquellos tiempos anteriores al remate del siglo XI. Yo no tengo duda en que aquí se introdujo luego que se mandó observar en el concilio de Aquisgrán (Aachen) del año 816. Mas como para esto se necesitaba dotación fija y apoyada con la autoridad real que asegurase a los canónigos de su subsistencia, de ahí es que no nos consta la observancia de esta regla hasta que el Obispo Teotario en el año 881 logró de Carlomán un diploma o como llamaban preceptum, en confirmación de todos los bienes de esta iglesia; el cual publicó Baluzio (capítul. Reg. Franc. apén. número CXVI) y está en el libro verde de esta catedral, fol. 178. Hizo esto el Obispo con ánimo de dotar de nuevo a su clero, y de hacerles observar la regla canonical a imitación de Frodoino Obispo de Barcelona, que ya lo había ejecutado en 878. El nuestro lo verificó en 882, señalando los estipendios o sustentación, que su clero, esto es, el de San Félix y Santa María, debían recibir sirviendo a Dios en sus iglesias. Irá copiado de nuevo este instrumento, aunque publicado varias veces, y novísimamente por Dorca. En él se debe fijar la introducción de la canónica Aquisgranense en esta iglesia, porque sus fórmulas son las mismas con que se establecía en otras partes. Más claro parece esto en que desde entonces los canónigos de Gerona comenzaron a llamarse así, como se ve en el instrumento de la elección del Obispo sucesor Servus Dei del año 886 o 887 en que todos los subscriptores se firman Canonicus, cosa no usada hasta entonces (a: En la España Sagrada, tom. 43, pág. 96 y 169 se da por sentado que en esta iglesia no se instituyó la vida canónica hasta muy entrado el siglo XI. No me admira que opinase así el que tan escaso se muestra de noticias del tiempo del Obispo Teotario; y eslo sí que es de admirar en quien vio por sus ojos los archivos de Gerona.) 

Y así es claro que tomaron este dictado a canone o regla; y no habiendo entonces otra en uso por acá sino la de Aquisgrán, admitida en toda la provincia Narbonense, a la cual pertenecía nuestra iglesia, es preciso concluir que esta es la que aquí se admitió como en la de Barcelona, Vique y Urgel. No se opone a esto la subscripción de Badagarius Abba que se halla en la citada escritura de elección. Porque este Abba o Prepósito era el que según mandaba aquella regla tenía a su cuidado el gobierno económico de la iglesia. 

Ya advertí en el viaje de Vique que la canónica Aquisgranense tenía por propio carácter el no obligar a sus profesores a la total abdicación de la propiedad, y así quedaban con el derecho de testar libremente de sus bienes, muebles y raíces al tiempo de morir. Y que esto se usase aquí en los siglos X y siguientes se podía mostrar en una larga serie de ejemplares por las escrituras que quedan de este género, y por los legados de los canónigos a su iglesia, notados en sus óbitos en los Martirologios. Dorca cita algunos (pág. 351). He copiado dos (a: Aps. ns. XXVIII y XXIX.) para muestra: uno del año 1064, tiempo en que, como se verá, estaba en su auge esta canónica Gerundense. Este es el testamento de Ponce Levita (nombre sinónimo de canónigo de Gerona), y Capud scolae, oficio unido entonces a la canónica. En él verás la franqueza con que dispone de todos sus bienes, y los muchos que poseía como dueño propietario. Es notable la mención que hace de mancusos auri monetae aeneae. El otro es del año siguiente 1065, hecho por Guillermo Guifredo, canónigo de esta iglesia, que murió en Palencia, yendo en romería a Santiago en el mes de agosto de este año. Otros muchos hasta principios del siglo XIII se citan en el proceso de 1239, produciendo los legados que se hicieron a los presbíteros de esta iglesia. Lo mismo pudiera hacer respecto de las oblaciones y admisiones in canonicum, en cuyo acto la canónica consignaba a los nuevos la percepción de ciertos frutos, de que disponían a su arbitrio. Cosa que no toleraba otra regla que la Aquisgranense.

Sin embargo, creo que hasta principios del siglo XI no estuvo en gran auge esta canónica, o por falta de edificio que comprendiese en un recinto todas las habitaciones y oficinas que la correspondían, o por otras causas. Así hallamos que es a XII de las calendas de diciembre del año 1019 (XXIII del Rey Roberto), el Obispo Pedro Roger, con el auxilio de su hermana la Condesa de Barcelona Ermesindis, y del hijo de este Berenguer, Conde y Marqués, resolvió restaurar y dotar esta canónica, mandando construir su edificio, como se ve en la escritura publicada en la Marca Hisp. (Ap. n. CLXXXII), y copiada por mí de nuevo del original, donde se hallan algunas suscripciones que omitió el impreso, y se corrigen las erratas que en él se cometieron (a). Otra copia va de la nueva dotación que hizo poco después el mismo Obispo: por donde se ve el esmero con que cuidó de la reforma de este clero (b).

Es verdad que en ninguno de estos instrumentos se dice restaurase aquí la canónica Aquisgranense. Mas la circunstancia de haber asistido a aquel acto solemne los canónigos de Barcelona, que la habían admitido el año 1009, y San Ermengol, Obispo de Urgel, que la plantificó en su iglesia en 1010; y la de haberse hecho todo con su acuerdo es un indicio manifiesto de que aquí no se introdujo otra regla. Dorca, que trató de propósito esta materia, omitió un argumento que es el más concluyente de esta verdad. En dos martirologios modernos de esta catedral, uno del siglo XIII y otro de fines del XIV, se halla al fin o toda o la mayor parte de la Vita canónica Aquisgranense con el prólogo, todo conforme la publicaron los editores de Concilios. Lo mismo se ve en otro martirologio de la colegiata de San Félix. Cualquiera volumen que se hallase de ello aquí era ya un indicio suficiente de lo que digo. 

(a) Ap. n. XXX. = En la España Sagrada, tom. 43, se publica este documento copiándolo de la Marca Hispánica. 

(b) Ap. n. XXXI. 

Pero lo es mucho mayor el hallarse en los martirologios, libros en que sólo se escribía lo que había de servir para la lectura y uso diario de la Praetiosa en los monasterios y en las iglesias que se amoldaron al rito monacal. Porque en esa hora, después del martirologio, se leía, o el Evangelio del día en las fiestas, u otras lecciones análogas al objeto, o un trozo de la regla y constituciones en las ferias, como todavía se observa en mi orden y otras: y esto era general en todas las canónicas. Pues si en los martirologios escritos de nuevo en los siglos XIII y XIV pusieron aquí la canónica Aquisgranense, es claro que esta es la que leían al tiempo de la Praetiosa. Y a esto alude una consueta del siglo XIV, que manda leer a esa hora un trozo de Decretis Patrum, expresión equivalente a aquella canónica, que no es otra cosa sino una colección de sentencias de Padres y Concilios. También se infiere de lo mismo que esta es la regla que observaron en los siglos anteriores. Porque ya se sabe la tenacidad con que los cuerpos guardan sus antiguos ritos y costumbres. Con esta sola reflexión queda desmentida la opinión de los que creyeron que la canónica Gerundense fue Agustiniana. Porque además de que esta regla no pudo regir aquí antes del remate del siglo XI, en que era todavía desconocida en Cataluña, debemos decir lo mismo de los siglos XIII y XIV, en que no se acordaron de ella cuando escribieron los martirologios sobredichos. Cosa del todo inverosímil, si entonces o antes estuviera en uso.

Mucho más equivocada es la especie de haberse observado aquí en lo antiguo la regla de San Benito, como aseguró el padre Roig (pág. 202 y 206): fábula sólidamente combatida por Dorca (pág. 345 y siguientes). Es verdad que en el breviario propio de esta iglesia, escrito en 1339, se halla la fiesta de San Benito a 21 de marzo; pero es sólo de tres lecciones, y el oficio todo del común. Rezo propio y octava tiene allí mismo la fiesta de la traslación de dicho Santo, a quien llaman Pater; mas eso no prueba que lo fuese de estos canónigos, como no lo era Santo Domingo, a quien también llaman Pater en el oficio propio de su fiesta, ni San Francisco, a quien dan el mismo dictado las lecciones escritas en el leccionario propio de esta iglesia. El clero secular adoptaba estas festividades de los fundadores de las órdenes, y de ellos tomaba los oficios propios para el rezo. Y en esto no hay que cavilar más. Pero ciertamente es reparable que la festividad principal de San Benito fuese en el siglo XIV de un rito tan inferior, que no sufriría ningún cuerpo en la fiesta de su Patriarca. Más es que en las actas capitulares del mes de abril de 1372 se halla una ordenación hecha por el Obispo y Capítulo con estas palabras: Ordinarunt ad honorem Dei et reverentiam S. Benedicti quod translatio S. Benedicti colatur per Christi fideles, in locis ubi sit monasterium virorum seu mulierum ordinis Sancti Benedicti... Y añade que esto lo hicieron ad humilem suplicationem venerabilium Abbatum et aliorum ipsius ordinis qui interfuerunt in Synodo in Gerundensi Ecclesia proxime celebrata. Esta era buena ocasión para que los canónigos expresasen su profesión benedictina, y mostrasen la debida veneración a su Patriarca, estableciendo dicha fiesta en Gerona. Esta omisión es un argumento claro de que entonces no había aún nacido la opinión de haber sido Benedictinos estos canónicos. Dudábase todavía de esto mismo aún en el siglo XVI, en que tan válida estaba la fábula del mazo de San Benito. Así se llamaba un recio golpe que se oía en la catedral, el cual, según creían algunos, anunciaba la muerte próxima de algún canónigo. Para que veas lo que esto era va copia de un acta capitular de 12 de diciembre de 1528 (a: Ap. n. XXXII.).  

La opinión del estado monacal de la canónica Gerundense podo nacer de las prácticas de refectorio, dormitorio, capítulo, colaciones en el claustro y otras, y de los nombres de oficio consiguientes a esta: cosas usadas aquí y en otras iglesias por largo tiempo. Lo del refectorio estaba ya aquí desusado a principios del siglo XIII, pues en el proceso de 1239 se lee: Cum olim canonici omnes comedebant in refectorio. En el libro verde, desde el fol. 112, se hallan varios estatutos ya del 1216 sobre las porciones canonicales en dinero. Mas aun quitada la comida en refectorio, quedaban en él las colaciones en los días de ayuno, y en el claustro en los días festivos: y así se practicó hasta el siglo XV (V. lib. verd. fol. 134). En 1315 se daban, según la antiquísima costumbre, dos colaciones en los días de ayuno (Ibid. fol. 126). Mas no entiendas que ambas eran para todo el clero, sino la primera para el capítulo y la segunda para los restantes, y así debe entenderse esta colación duplicada, donde quiera que se halle usada. Quitose aquí esta práctica en 1325, mandándose quod de cetero non detur nisi unicus potus in claustro vel in refectorio in diebus jejunialibus et aliis quibus est consuetum bibere bis; et pro secundo potu, detur certa pecuniae quantitas (Ibid. fol. 129. b. et in lib. den Calçada fol. 114). El uso del dormitorio continuaba aún al tiempo del proceso de 1239, en que se supone que al presbítero hebdomario (hebdomadario encuentro anteriormente) se daba en él cada noche una candela. Mas no se recogían allí todos los canónigos, constando de muchas escrituras que tenían sus casas fuera del ámbito del claustro y lechos propios. Los oficios de refitolero, cocinero, dormitorero y portero de la canónica fueron erigidos en beneficios perpetuos en 1319 por el Obispo Don Pedro de Rocaberti (Ibid. fol. 141. b.); lo cual nació sin duda de la total supresión de aquellas oficinas, aunque les quedasen algunas obligaciones análogas a su origen. He dicho, y téngolo por cierto, que estas prácticas monacales no prueban la profesión monacal en las catedrales; como tampoco la persuaden el claustro y clausura, el coro en medio de la iglesia, el silencio, la Praetiosa en el capítulo, el uso de comenzar las completas en él con la lección espiritual y bebida, y pasar luego al coro a concluirlas. Estas y otras mil cosas compatibles con el derecho de propiedad eran miradas como un antemural de la vida perfecta del clero secular, el cual sin abdicar sus bienes y sin hacer voto ninguno solemne de vida más perfecto, debía distinguirse de los legos en la conducta exterior. Lo mismo a proporción se ha de decir de los nombres de Abad, Prior y Prepósito usados en escrituras de los siglos X, XI y XII, nombres sinónimos, con los cuales era llamado indiferentemente, no un superior monacal a quien se prestase la obediencia que constituye aquel estado, sino un superior económico, a quien tocaba la corrección primera de los delincuentes y la administración de las rentas. Lo más común en esta catedral era llamarle Praepositus; y que no significase más que lo dicho se ve en la división de este oficio en las doce preposituras que conservaron el nombre y obligaciones del primero, y es que creciendo las rentas y la carga de su colección y distribución, fue preciso aliviarle, repartiendo entre muchos lo que uno solo no podía desempeñar. Las primeras memorias que aquí hallo de los prepósitos por meses, son de principios del siglo XII. Algunas de ellas mismas o acaso distintas se intitulaban de Albuziano, de Aredo, de Eviza, Caciano, etc., tomando el nombre de las villas o iglesias cuyos frutos estaban a su cargo.

Había en esta iglesia cuatro arcedianatos, es a saber: el mayor o Gerundense, llamado antiguamente de rogationibus (por la jurisdicción y derecho que tenía en Ravós, lugar distante dos horas de esta ciudad), el de Besalú, el de Empurias y el de Peralada, a quien sucedió el de la Selva, si no me engaño, en el siglo XII. Estos cuatro títulos correspondían a los cuatro condados que componían esta diócesi. 

Ya muy de antiguo ocupan en el coro los cuatro ángulos y en las procesiones de la vigilia de Navidad al capítulo, día de Ceniza, Jueves Santo y otras, tienen señalada en las consuetas su colocación respecto de las otras dignidades de esta manera: arcediano mayor, sacrista mayor, precentor, abad de San Félix, y los arcedianos de Besalú, Empurias y la Selva. El abad de San Félix era por lo regular el mismo arcediano mayor hasta el siglo XII. Entonces comenzó a darse aquel cargo a otras personas, y esta dignidad siempre se reputó por la cuarta de esta catedral.

El número de canónigos era el de veinte hasta la visita del Cardenal Sabinense en 1229, en que se aumentó al de veinte y cuatro, y así ha continuado. Eran y lo son diaconiles, y es ocioso probar esto con escrituras, muchas de las cuales van copiadas. Esta es la causa de ser aquí tan frecuentes las firmas de Levita, que siempre se ha de tomar por equivalente de canónigo, porque lo eran, y ellos solos lo eran con toda propiedad. Aún hoy no son admitidos al osculum pacis, si no están ordenados de diáconos, que es el grado que requiere su prebenda; otra condición precisa para entrar en su número era la de ser de genere militari ex utroque parente: esto es, nobles, porque esto significaba el miles en los siglos XII y XIII. Confirmaron esta constitución varios Papas y también el concilio Basileense, VIIII. kal. junii de 1437 a instancias del capítulo y del Obispo Bernardo Pau, qui, dice el decreto, nostrae congregationi incorporatus existit. La causa de esta condición de nobleza fue precaver por los enlaces de los canónigos con los nobles, los daños que estos hacían en las posesiones de esta iglesia. Para la celebración de los oficios divinos había doce presbíteros llamados de capítulo, los cuales se repartían esa obligación por semanas, teniendo cada uno de ellos por ministros a dos de los canónigos. Llamábanse también statores, como estantes por el capítulo. Los arcedianos eran los diáconos del Obispo según una constitución del año 1434 (Lib. den. Calçada fol. 173. b), solos estos presbíteros y los canónigos podían celebrar o ejercer oficio eclesiástico en el altar mayor, a excepción de los Evangelios, Liber generationis y Factum est de los maitines de Navidad y Epifanía, las Pasiones en la Semana Santa, la Angélica del Sábado Santo, y las misas matutinales que se permitía cantar a otros. Este era todo el clero de la catedral a principios del siglo XIII, es a saber: los canónigos, dignidades y presbíteros de capítulo, a que se añadía el clavero y dos capellanías establecidas, una por el canónigo Guillermo de Terrades, y otra por la Condesa Ermesindis, que murió hacia la mitad del siglo XI. 

En 1208 se introdujo la fundación de beneficios que se llamaron stabiliti. Hizo la primera Alemany de Aiguaviva, sacrista de esta catedral y después su Obispo, a 28 de febrero del año citado, a la cual se siguieron otras hechas por el Obispo Arnaldo de Creixell en 1214. Y este es el principio del numeroso clero de esta iglesia que tanto contribuye al lustre de las funciones eclesiásticas. En esta misma época los presbíteros de capítulo entraron en la pretensión de ser tenidos por verdaderos y esenciales canónigos. Fundábanse en la costumbre antiquísima de asistir a las elecciones de Obispos, de suscribir como canónigos, de no ser echados del capítulo en sus deliberaciones, y por consiguiente alegaban derecho a percibir el florín mensual que por constitución del Obispo Guillermo de Monells de 1173, se debía dar a los canónigos que cursaban en alguna universidad. Los canónigos dijeron que esto había sido una tolerancia, etc. El negocio paró en compromiso, como ya dije otro día. Los jueces dieron sentencia a 29 de octubre de 1240, declarando que los presbíteros no eran verdaderos canónigos, ni debían percibir los florines que se daban ratione estudiorum, sed quia, prosiguen, in electione episcoporum dictos presbiteros invenimus praescripsisse, et si non ad plenum, cum beneficio tantum et supplemento nostrae conscientiae, in ipsa electione episcoporum jus habere dictos pbros. declaramus. También se mandó que pudiesen obtener preposituras, y que no fuesen excluidos del capítulo, cosas de que estaban ya en posesión. Apelaron los presbíteros de esta sentencia a la Sede Apostólica, y el Papa Inocencio IV la confirmó en 1249. Así quedó el negocio por entonces. Andando el tiempo, el Papa León X erigió estos doce presbiterados en canonicatos, dispensándoles en el estatuto de genere militari, y conservándoles las obligaciones antiguas de hebdomadas, etc. El breve es de 1520 IV. kal. octob. Con esto quedaron treinta y seis canonicatos como hoy subsisten. Del mismo contexto del proceso consta, que dichos presbíteros nunca habían tenido la abadía de San Félix, que siempre estuvo anexa a un canonicato de la catedral, y hoy es la cuarta dignidad de ella.

De lo dicho se ve, que la elección de Obispos fue aquí peculiar del capítulo; y aunque en el siglo IX consta que acudían a este acto los clérigos rurales con los civitatenses, como verás en la elección del Obispo Servus Dei el año 886; sin embargo, entiendo que esto no se ha de tomar tan literalmente que se suponga haberse hecho una junta a que acudiese todo el clero, sino que congregado gran parte de él se hacía aquella aclamación, que tales eran por lo regular las elecciones de los Obispos. Así aún del siglo XII hay por acá algunos decretos en que se dice haberse congregado para ello el clero y pueblo, con ser así que el pueblo no tenía acción ninguna en tal acto. Y se ha de distinguir entre lo que es la elección del prelado y la carta dirigida al metropolitano, pidiendo la confirmación e intronización del electo; a esto último concurrían los nobles y magistrados, y en nombre de todos se hacía la súplica. A principios del siglo X, año 908, suena aquí el Obispo Wigo, electo por el Rey Carlos el Simple. Y es el único ejemplar que hay de ello. En los restantes, el clero, o sea el capítulo por aclamación, o por escrutinio o por compromiso, nombró siempre a su pastor hasta el año 1292, en que el Papa nombró Obispo a Don Bernardo Vilamarí. Esta es aquí la época de las reservas pontificias en orden a la dignidad episcopal.

Durante el cautiverio de Tarragona reconoció esta iglesia, como todas las otras de la marca, al Arzobispo de Narbona por su metropolitano, a quien acudían en lo que tocaba a confirmaciones de Obispos, concilios y causas eclesiásticas, y él venía a consagrar templos, entronizar Obispos y cosas semejantes. Sobre estas pruebas comunes a las catedrales de Urgel, Barcelona y Vique, tiene esta de Gerona otras particulares. Porque con la intrusión del Obispo Ermemiro hacia el 886, puesto por el famoso Sclua, intruso en Urgel, que se arrogó los fueros de metropolitano Tarraconense, tuvo Gerona ocasión de mostrar su opinión en este punto, o sosteniendo el derecho de Servus Dei ya electo y consagrado por el de Narbona, o eligiéndolo verificada ya aquella intrusión de Ermemiro, y presentándolo al mismo Arzobispo como a su cabeza legítima con desprecio de la vana pretensión de Sclua, a quien nunca reconocieron por tal, aun reconociéndolo los Obispos de Barcelona y Vique. Este afecto particular de nuestra Sede a la de Narbona, fue sin duda la causa porque el decreto de la elección del Obispo Borrell de Vique en 914 se puso en manos de nuestro Obispo Wigo, para que él solicitase el consentimiento de los comprovinciales y del metropolitano Narbonense; porque la razón que allí se da de que estaba más cerca de aquella capital, no tiene gran verdad. De lo mismo nació igualmente la resistencia que nuestro Obispo Arnulfo hizo a Cesario, abad de Santa Cecilia, electo Arzobispo Tarraconense en el concilio Compostellano: cuento que dan por fabuloso los críticos del día; pero que a pesar de sus censuras, es y será siempre un hecho. De lo mismo entiendo que nació, el que nombrado Atón, Obispo de Vique, Arzobispo de Tarragona, no fuesen reconocidos por tales los sucesores en más de un siglo. En resolución, Gerona reconoció por metropolitano al de Narbona, desde su conquista en 885, hasta la restauración de Tarragona, o excepción de las dos breves épocas de Atón y Berenguer Rosanes, Obispos de Vique. Ya se dijo que el titular de esta iglesia siempre fue Santa María, con el cual se ha distinguido de la de S. Félix, y se ha indicado regularmente desde el siglo IX la Sede y episcopado Gerundense, como se ve en varios diplomas, y en el decreto que se dirá de la elección del Obispo Servus Dei en 886, los canónigos que ponen título de iglesia no ponen otro que Sanctae Mariae, que es otra prueba sólida de que la catedralidad nunca fue propia de la iglesia de S. Félix. A esto no se opone que en algunas escrituras, por la grande veneración y celebridad del Santo Mártir y por la unión que ambas iglesias tenían, suenen donaciones hechas a la Sede con título sólo de S. Félix, juntándolo otras al título de Santa María. Habrás observado ya en los documentos que he enviado en el discurso de mis viajes que en las donaciones, así de Reyes como de particulares, los titulares de los monasterios e iglesias no se expresan siempre con la exactitud que ahora quisiéramos. Nacía esto de la devoción del donador a los Santos que tenían su propio altar, además del mayor en los monasterios e iglesias. La iglesia de Roda en algunos diplomas episcopales de mitad del siglo XI se llama Sancti Valerii et S. Vicentii, por haberse entonces hallado el cuerpo de S. Valero y depositado en la catedral, que nunca, ni antes ni después tuvo otra advocación que la de S. Vicente Mártir. El mismo era el titular del monasterio de Gerri, al cual sin embargo se le añaden, y a veces prefieren en algunas donaciones, los títulos de Santa María, S. Pedro, San Juan y otros. Cuán cierto y demostrado es que el titular de la catedral de Vique no era otro que S. Pedro. Sin embargo, ¿cuántas donaciones hay hechas a aquella Sede intitulándola Sanctae Mariae por la devoción a la imagen venerada en la antigua capilla fuera de la catedral llamada la Rotunda? ¿Quién contará los nombres de Santos que dan los antiguos documentos a la colegiata de Besalú, antes monasterio de canónigos reglares de S. Agustín? Bastan estos ejemplos que ahora me ocurren para que nadie se deslumbre con la diversidad de titulares expresados en algunos diplomas. Aquí había más, y es que el nombre y los milagros de San Félix era lo que hacía famosa la iglesia Gerundense, y lo que estimulaba a los poderosos a enriquecerla por donaciones, o por gratitud, o para merecer los favores de tan ilustre mártir, cuyo nombre expresaban en las escrituras, porque él era todo el móvil de su liberalidad. Las Condesas Gisla y Ermesindis, por ejemplo, regalaron un frontal de oro en honor de S. Félix, como dicen todos los escritores; mas esta alhaja sobre hallarse en la catedral y no en la iglesia de San Félix tiene además que observar, que en el centro se entalló la imagen de Santa María y no la de aquel Santo, como dando a entender que la iglesia a quien se dio estaba titulada de Santa María y no de S. Félix.

Estas y semejantes reflexiones no debían olvidar jamás los que contradicen la catedralidad de Santa María. Medir las escrituras antiguas por la exactitud y propiedad del día es ignorar la diplomática en esta parte.

Otra prueba es de lo mismo el sello antiguo y moderno del capítulo, que nunca representó otra cosa que la imagen de nuestra Señora sentada. Así lo conservan en el día, con ser así que la fiesta principal de su titular es la de la Asunción, que en otras catedrales bastó para que alterasen su situación representándola en pie desde fines del siglo XV o cosa tal.

Tenía esta iglesia hasta nuestros días hermandad con la de Puy de Francia, y de ello hay muestras en las ocurrencias de ir y venir canónigos, los cuales mutuamente percibían la porción canonical, y eran tratados como tales. Quedan además desde el siglo XV varias cartas de un capítulo a otro, algunas de las cuales están copiadas en el Cartoral, fol. 310. Mas esto no nace de lo que dicen comúnmente los escritores, que cuando Carlo Magno conquistó esta ciudad en 785 puso en ella por Obispo un canónigo de la de Puy, cuyo nombre se ignora. En el episcopologio verás cuan fuera va esto de camino, y como verosímilmente en 785 era ya Obispo de esta Silla Adaulfo. La conquista de esta ciudad por Carlo Magno es uno de los cuentos más ruidosos entre los eruditos, con ocasión de las memorias que aquí se tienen de aquel Príncipe y de las demostraciones religiosas con que le ha honrado esta iglesia. Es de desear que todos los hijos de Gerona entren en las ideas juiciosas de su paisano Dorca, que en su obra de los Mártires de Gerona acaba de desentrañar y poner en claro esta fábula con todas sus circunstancias portentosas. El resultado de su trabajo es que cuando Carlo Magno vino a España con su ejército y estuvo en Zaragoza en el año 778 sujetó la ciudad de Gerona con otras muchas, dejando en ellas tributarios a los Moros que quedaron con su mando: que rebelándose estos después, el ejército de los franceses (francos) vino sobre esta ciudad en 785, llamados por los Cristianos Gerundenses, los cuales advirtiendo la poca guarnición de Moros, entregaron la plaza a Carlos, a quien habían jurado obediencia siete años antes (y esto ciertamente es más glorioso para Gerona que su conquista a fuerza de armas por aquel Rey): que por consiguiente es una fábula que esta conquista fuese en virtud de los portentos de la lluvia de sangre, aparición de una cruz en el cielo, etc., que ni sucedieron en Gerona sino en la Alemania, ni en ese año 785 sino en el siguiente 786: que ni en uno ni en otro estuvo ni pudo asistir personalmente Carlo Magno a la conquista de Gerona, estando como estaba en Italia y Sajonia. Estas y otras cosas que cuentan por muy ciertas algunos escritores están sólidamente confutadas en la citada obra a que me remito, como viajero ocupado en otras cosas que falta averiguar. La tradición nada vale cuando hay en contra argumentos de casta. La fiesta que aquí se hizo a este Rey como Santo tiene un origen moderno y conocido, que es la credulidad del Obispo Arnaldo de Monrodó, el cual la instituyó en 1345, como se dirá otro día. Pedro de Marca se equivocó en decir que esta fiesta duró hasta los tiempos del concilio Tridentino, y que aun quitada, quedó el sermón en alabanza de aquel héroe a la hora de la misa mayor. 

En cuanto a lo primero en una consueta del año 1360, que pone esta fiesta, al margen se halla notado de letra del siglo XV que ya no se celebraba en virtud de un breve del Papa que la mandó suspender. Nada más se expresa allí; mas yo sé que este Papa fue Sixto IV. Consta esto de las actas capitulares del año 1493 (fol. 55, día 9 de abril) en que el capítulo, cortejando a D. Lope de Haro, embajador del Rey Católico (Fernando II de Aragón) al nuevo Papa Alejandro VI al tiempo de mostrarle las reliquias, altar y otras preciosidades de la catedral, le dio razón del culto y oficio de IX lecciones con que Carlo Magno había sido venerado en ella por espacio de unos 140 años hasta que lo prohibió el Papa Sixto. El embajador ofreció representar este negocio a Su Santidad y solicitar la restauración de la fiesta. Y si hizo lo primero, es cierto que lo segundo quedó por hacer. Lo de la obra del sermón todavía es más equivocado, pues ya en 1470 se decía el panegírico a la una del día de la dominica II de Cuaresma, como se dice también hoy y como yo le he oído este año. La fiesta, cuando se celebró, tenía por día propio el 29 de enero, como se ve en las consuetas, etc. Mas debe notarse que no era general en todas las iglesias de esta ciudad. De la colegiata de San Félix con ser tan principal, puedo asegurar que no la admitió o que al menos no la guardaba a mitad del siglo XV, cuando todavía continuaba en la catedral. Una consueta de dicha colegiata de ese tiempo dice: De hoc festo (Caroli Magni) in ecclesia S. Felicis nichil fit; immo fit de VIII die S. Vincentii. Sed in Sede et aliis ecclesiis, fit de Karolo tamquam de festo signi novi. 

Acerca de los hábitos corales del clero en los siglos antiguos, no puedo dar por cierto cosa alguna. Sin embargo, puede servir de luz la rúbrica que establece una consueta de esta iglesia escrita en 1360 para la solemnidad del Sábado Santo, “Finita nona, dice, quatuor clerici induti superpelliceis hymnum Inventor rutilis cantent in Truna ubi leguntur lectiones de duobus in duobus; et hic (esto es, antes de cantar Exultet angelica) penitus deponuntur capae nigrae, nec in antea utimur nisi superpelliceis." Al margen de letra del siglo XV se nota: Hodie autem deponuntur (capae) sexta finita imediate. De cuyas palabras se debe inferir que en los siglos XIV y XV, durante el tiempo pascual y acaso hasta Todos Santos, el hábito del coro era sólo la sobrepelliz, y de ese día al de Pascua la capa negra. Esto último consta de una constitución del año 1321 en que se añadió que los que no llevasen capa negra en tiempo de invierno se sentasen en el coro inferior, y en las procesiones precediesen a los otros para evitar la deformidad que debía resultar de la mezcla de trajes diferentes. En una y otra temporada, así sobre las capas como sobre las sobrepellices, llevaban almuzas negras: y esto indica la constitución copiada en el libro Dencalçada (den, d'en Calçada): est consuetum, dice, quod nullus clericus intret chorum cum vestibus viridibus bipartitis, virgatis, rubeis vel stacatis, nec cum caligis, nec cum almuciis nisi nigris, et quod portent superpellicia vel capas. Otra noticia nos da el mismo libro, (fol. 213) que dice: Quando presbiteri de capitulo, seu quicumque beneficiati capis pluvialibus induuntur, non portent subtus ruquetum seu garnatxiam sed superpelliceum portare omnimode teneantur. Entiendo que las almuzas eran cerradas por delante, aunque mucho más cortas que las que hoy usan los canónigos. Estas no tenían capilla, la cual era propia y estaba cosida con la capa, y cubría del todo y ajustadamente la cabeza. Vese esto en las figuras sepulcrales de canónigos y beneficiados, así en el claustro de la catedral como en otras iglesias. A lo mismo alude una constitución capitular del 22 de junio de 1509 en que se ordenó quod de cetero quilibet capitulares et beneficiati hujus Sedis portantes capas de choro, possint in choro et extra deferre caputia caparum extra caput in collo more aliarum ecclesiarum cathedralium; ita quod sit in arbitrio cujusque dicta caputia portare in capite aut in collo prout sibi placuerit. En 1553 a 18 de marzo dio permiso el capítulo para que cada uno de sus individuos usase de chirotecas sive manicas, no obstante el estatuto antiguo y costumbre que prohibían su uso. La materia común de estos hábitos era la lana. En los registros capitulares de Alfonzello, fol. 134, hallo que en 1472 ya se dispensó con el clero ut possent uti serico et ornamentis canonicalibus. El uso de los armiños en las almuzas de invierno no entró acá hasta el 1609 en que mandaron se comprasen. Algo más tardó a introducirse el uso de hábitos canonicales morados para invierno y verano, que no se mandó hasta 1629. Hoy se usan en el invierno capa talar de estameña morada con sotana y almuza de lo mismo. Del traje común del clero fuera de la iglesia, darán razón varias constituciones sinodales que irán copiadas, y de que se hablará en en el episcopologio desde el siglo XIII en adelante. A Dios, etc. 

diumenge, 24 de juliol del 2022

Tomo 6, apéndice 14, Acta dedicationis ecclesiae S. Mariae de Moyá anno DCCCCXXXIX.

XIV. 

Acta dedicationis ecclesiae S. Mariae de Moyá anno DCCCCXXXIX. (V. pág. 133.) 

Ex transl. in ead. eccl. 

Anno incarnati Verbo, qui in principio apud Patrem Deus semper existit, DCCCCXXX nono, iliustrante Spiritu Sancto, praeclarus domnus comes Suniarius et marchione inclitus, summâ cum reverentiâ divino cultui excercente per limitem rectam ad semitam vi applicat iustitiam. Vere namque salubris religio existit, ut in Dei amore quisquis compunctus animus boni operis aucmentum perficere sit conatus: ideo volumus ut non sit incognitum, sed a quibusdam patefactum, qualiter princeps comitis vel eius nobillimus prolus domnus Ermengaudus Ausonensis comitis unanimem divina tractantes misteria, ad praesentiam domni Georgii Ausonensis ecclesiae praesuli pervenerunt, poscentes humiliter eius clementiam, ut in praedicto comitatu, ab eorum deprecationem, dedicasset ecclesiam Sancta Maria nomine, qui est sita in pago Modeliano (Moyá). Pontifex egregius ad eorum petitionem clementer accomodavit aurem: ex eadem basilica libuit facere consecratam ecclesiam: precibus dignis consortem sibi expetivit domnum Guillaranem Barchinonensis ecclesiae dignissimum pontificem, ut ad dedicationem eiusdem baselicae venire non dedignasset, sed tantum pro summa reverentia iubamina ei ferre procurasset. Venerandus pontifex arcessitus ad diem dedicationis occurrit, sub rogationem praenominatum praesulem, vel supra taxatos comites, ecclesiam in honorem Dei et Sancta Maria Genitricis consecravit. Incliti comites coelesti dono largitate fulciti, comperientes non licere vacuam dedicare ecclesiam, sed dotatam, et ex rebus propriis consecratoris ditatam; ideo ex aquisitis facultatibus, in dedicationis diem, ad sanctum altarem, aliquid ex eorum proprietatem offerre decreverunt, sicuti et faciunt. Donamus namque vel offerendo tradimus ad diem dedicationis praelibatam ecclesiam, nos pariter Suniarius, et Ermengaudus, gratiâ Dei comites, propter amorem Dei et remedium animarum nostrarum, in eodem termino, in locum quem dicunt pratum de Ademare, pariliata una de terra et amplius. Est vicina de parte orientis in terra Donone vel Eldegarda, et de meridie in terra Donnone vel haeredes suos, de occiduo in terra Eldegarda, de circi in terra Donnone, vel Eldegardas sive haeredes illorum. Et in eius termino donamus vinea, qui est ad ipsam rovoriam: afrontat de orientis in vinea Addanagilde, de meridie iungit in terra Recosindo, de occiduo inlaterat in vinia Eldemare, de circi similiter. Et in alio loco donamus ibidem vinea, qui est ad speluncam Guandalmate, de orientis adherit se in Roca, de meridie in vinea Richario, vel Adovardo, de occiduo in terra herma, de circi in terra Salomonem, vel de Gontario. Insuper autem concedo ego Suniarius, atque inconvulsibiliter perenniter ad proprium praedicta ecclesia manere, vel propriis ministris ibidem Deo servientibus habere iubeo terras, quas pater meus Guifredi quondam comes ibidem donando tradidit. Sunt vicinas de orientis de torrentem, qui ducit aquam, de meridie in rio de Avellanas, de occiduo in terra de me Suniario, sive in ipsa fonte, de circi vero affrontat in strata publica. Et ego Sanciolus dono ibidem ad diem dedicationis casullam I, stola I, manipulum I, alba I, calicem argenteum I, cum patenam, missalem I, lectionarium I, antifonarium I, actus apostolorum I, quadragenario I. Haec omnia offerimus ad eius diem dedicationis Deo, vel memorata ecclesia, seu praedictos praesules, sive ad eius ministros, ut secundum sanctionem patrum, vel instituta canonum, quolibet modo voluerint obtineri, dispensari, in eorum maneat potestati. 

Et ego Georgius, ea videlicet ratione, iubeo ad praedictum pontificem consecrari hanc ecclesiam, in honore Sancta Maria fundatam, et ibidem addo parrochiam Modeliano cum ecclesias in eius terminos sitas, vocitatas Sancti Felicis, et Sancti Petri, et Sancta Columba, et Sancti Andreae, vel Sancti Ledugarii, et ecclesia in castrum Marphani cum villis, vel villariunculis, decimis et primiciis, atque oblationibus illarum, quantum rectius ibidem videtur pertinere, ut per singulos annos, sacerdotes vel ministri ecclesiae, more canonica, bis in anno concilia celebrare indesinenter expediant, sive et ad chrismale mysterium secundum decreta sanctorum patrum occurrere non diferant, reditos canonice consuetos adimplere non omittant. Et si episcopus confirmationem, vel aliarum utilitatum per parochiam exercere voluerit, obedientiam in omnibus tam iste presens levita Sanciolus, qui hodie retinet ecclesiam, quam succesores eius, paratissime procurent. Qui vero, quod non obtamus, hanc dotem irrationabiliter tentare voluerit, hoc quod repetit, non valeat vendicare, sed vinculato bannum regis componat auri libras X. Et si ausu temerario facultates ecclesiae pervaserit in aliquo, restituat quadruplum. Acta sunt enim haec indictione XII, anno IIII regnante Ludovico rege, die decimo Kalendarum Septembrium. 

dimarts, 5 d’octubre del 2021

EL LLANTO DE LA VIRGEN. PLANT DE NOSTRA DONA SANTA MARÍA.

EL LLANTO DE LA VIRGEN.

obras rimadas Ramon Lull, Gerónimo Rosselló, idioma catalan-provenzal, Raimundo Lulio


Esta composición poética no es la primera que escribió Raimundo Lulio después de su conversión. Antes que poeta místico, abandonado que hubo las quimeras del mundo y su estro de trovador, se ejercitó en la poesía didáctica, rimando un tratado de Lógica que citan D. Nicolás Antonio en su Biblioteca antigua española, el P. Pascual en sus Vindicias lulianas y otros autores. El mismo Lulio nos habla de este poema en su Doctrina pueril, de cuya obra al parecer formaba aquel un apéndice. Después de inducir a su hijo, para quien escribió la Doctrina, a que se dedicase al estudio de la lógica para venir en conocimiento de la verdad, le dirige las siguientes palabras. - "Antes de estudiar la lógica en latín, apréndela en lengua vulgar y en rima, así como se contiene al final de este libro, lo cual te aconsejo para que de este modo la puedas después entender mejor, mediante la ayuda de Dios."

Lulio a imitación de los árabes, que tanto estudiaba, se aficionó a la didáctica, y así como ellos hacían objeto de sus poemas todas las ciencias por sutiles y abstractas que fuesen, nuestro autor no se arredró ante la dificultad de emplear su numen, en rimar una Lógica y más tarde unas Reglas para la aplicación del arte general, materias de suyo aridísimas para la poesía. Mas nada podemos decir con respecto al mérito de la primera porque no ha llegado a nuestros días; pero a juzgar por lo demás que de poesía didáctica nos ha dejado Raimundo, nos inclinamos a creer que no sería sin duda la mejor hoja del lauro poético del autor.

Hacia la misma época empero, o sea en el espacio que media entre los años de 1275 a 1282, en que escribió Lulio el tratado de Lógica en verso, parece que trazó también su elegía titulada Llanto de la Virgen. Durante este tiempo pasó Raimundo retirado en el colegio de Miramar cuya fundación había promovido, los días más sosegados de su existencia: calma breve sí, pero fructífera, y a la que debemos excelentes libros. En la tranquilidad de aquel retiro fue pues donde Raimundo, al mismo tiempo que escribía el precioso opúsculo de Oraciones y Contemplaciones, elevada su alma en alas de su devoción, trazaba el canto elegíaco de que nos ocupamos, dirigido a pintar la desolación de María al presenciar la angustiosa pasión y muerte de su divino hijo.

Esta composición está escrita con pureza, y sus versos son muy sentidos. Bellos son los apóstrofes que dirige la madre del Salvador a Judas que tan traidoramente vendió a su maestro; bella la queja que dirige al Eterno Padre por la deslealtad de los judíos.
- "Cómo a tanto te atreviste? dice al Iscariote. ¿Cómo tu boca asquerosa se atrevió a besar a mi hijo, tan cumplido en todo, y cuyos labios manan el aroma de la verdad, y la dulzura de los buenos consejos? ¡Cuánto le has ofendido con tu repugnante contacto!” - No son menos notables las exclamaciones de María al verse desamparada de todo el mundo, y las que le inspira la negación de San Pedro: - Preso está mi hijo, dice; llévanselo los judíos sin que nadie levante una palabra en su defensa; sin que yo, pobre y desvalida mujer, pueda estorbarlo. ¿Y no hay uno siquiera entre vosotros que le ayude?" - "Amedrentado por los judíos ha negado San Pedro a Jesús. ¿Y cómo no hubo más temor de mi hijo, que es su Dios y Criador? Y eres tú, Pedro, aquel a quien confió el cuidado de su rebaño, y a quien hizo pastor de sus ovejas! Tan atribulada me tienes por el poco amor que a tu maestro has demostrado, que no cesa de plañir mi boca, ni mis ojos de llorar." - Después se dirige a la muchedumbre y dice: - “ ¿No hay nadie entre vosotros que tenga compasión del que tanto nos ha dado, y que tanto sufre por nosotros?" - Al ver escarnecido a Jesús a quien escupían los judíos en el rostro, exclama: - "Oh cara gloriosa, cuya vista tanto placer me daba! ¡cuánto me holgaría de poder enjugarte siquiera! " - Y en otra parte se plañe de este modo: - “Desnudado han a mi divino hijo. Aquel que señor es de la tierra y de los mares, no tiene un miserable harapo con que cubrirse! Ay triste! Cuando veo caer sobre él tantos vituperios, mi razón se desvanece y mi pecho estalla de dolor. Señor, tomad ese mi velo para cubrir vuestras carnes, ya que vuestros enemigos escucharme no quieren." - Y al espirar (expirar) el Salvador, vueltos los ojos al cielo, exclama (esclama) fuera de sí: - “Miguel, Querubín, Serafín, Gabriel y Rafael, bajad y horrorizaos de la muerte que dan los infieles a su Salvador! Mirad como espira sediento, sin más refrigerio en su boca que hiel y vinagre! ¡Ni Caín fue más impío con Abel que estos malvados!" -

La elegía que nos ocupa abunda en bellezas y es una de las del autor escritas con más pasión. Hubiéramos de traducirla entera para indicar todos los pasajes que nos parecen notables: mas consideramos inútiles las citas cuando puede quien quiera formar su juicio con la lectura del original que transcribimos.


PLANT DE NOSTRA DONA

SANTA MARÍA.


I.


Anava ab gran gaug la verge María

A veser (1) son Deu fill que haút havía,

Per lo Sant Esperit sens d' home paría,

E car son Deu fill e home sabía

Lo gran gaug, e' l plaer que per éll sentia

No es quil pogués dir; mas gens no sabía

L' íra n’ el desconort en qu' esdevenia,

Car Judas Schariot concebut havía

En trahir Jesu-Christ qui morir volía

Per nosaltres a salvar, e per donar vía

Com mays l' hom servescha e que cascun sia

Seu per compra de mort, car per nos moría.


II.

- Judas Schariot! tú has mon fill venút,

Lo qual mays val que tot quant n' has haút;

Donat has per argent lo senyor de virtud;

Tú eres per mon fill e per mí molt volgut;

Mí has fals enganada e tú n' est deçebut:

E si eu ne son trista, tú ne serás perdut.

Fals! ¿com has pogut vendre cell qui es mays temut

Qui en home e Deu, e rey es de salut?

Jo' n romanch dolorosa: e tu n' est abatut!

¡Judas fals e traydor! mon cor has combatut

Ab ira e dolor aytant com has pogut,

Perqu' en serás en infern combatut e vençut.

III.

Senyor! a tuyt mi clam de la gran trayció
Que han fayt a mon fill li fals jueu falló,
Qui en mí ses fayt home per lur salvació,
E tots temps ha fayt bé e falliment nó (2).
Ara lo m' han trahit, e l' han mes en presó.
Ah jueus traydors! ¿per qual intenció (3).
Avets trahit mon fill que del linatge fó
De Davit e Moyses segon profeció?
D' aquest tan gran trayment, lassa, irada' n só
Tan fort, que tota' m sent en consumació,
E tot quant ha en mí tot está en passió;
D' aquest mal qui n' es fayt ¿qui 'n trobará perdó?

IV.

Judas! fals enemich de tot defalliment!
¿Com fuyts hanc tan ardit? ¿qual boca tan pudent
Basist mon Deu fill e amich de compliment,
Qui ha boca olent ab tan bell parlament
Que hanc mays no mentí n' en perlá ‘n falliment,
Ans en diu veritat tan virtuosament,
Que null hom viciós ne qui' n sia mintent
No la deuria baysar per negun trayment?
E tú fals, ergullos, has donat baysament
A mon fill qui es Deu e home exament,
Lo qual soven baysaba tan amorosament!
Ah fals! ¿com l' has trayt per ton vil tocament?

V.

Judas! tú has donat un bays per senyal fal
Per portar a mort lo meu fill que tant val,
E qui encresía de persona leal,
Enemich de virtud e en tot ple de mal,
Car has fayt fals senyal, tú n' haurás tal trebal
Que tostemps n' estarás en lo foch infernal:
Trista hanc mays no fó segons dret natural
Que ab falsa semblança hom visques en l' hostal
Mostrar veritat de nulla re corporal,
E aysó mateix es de causa spiritual;
E tú, fals mostrador, has mostrat hom vidal
Qui en cuant es Deu no pòt esser mortal.

VI.

Dolenta marrida, lo meu fill está pres;
Menenlosen jueus sens qu' éll no es defes
Ne eu que som fembra no y poria fer res.
¿Há negú entre vos qu´ ajudar y pogues?
Anava la puella pres son fill e espes
Demandava ajuda e tirava ses manes,
Sos cabells e sa cara rompía, e no es
Qui li donás ajuda, com si res no valgués
Ella ne son Deu fill, perque pietat es
Ausir lo desconort en lo qual ella s´mes:
E com foren ves ella, vilá e descortes
Tuyt li seu companyón el juden mal apres (4). -

VII.

Estava la regina molt fortment irada
Com per los seus si era desamparada,
Car sino Sant Johan per tots fó lexada;
Cridava la donçella: - Lassa! ¿on es anada
La nostra companya qui m' ha deshonrada,
Car m' han jaquida sola ab tant vil maynada?
Maynada del demoni, e qui m' ha donada
Tanta de pressura, e tanta de bocada
Que apenas mi sostench, tant fort son cascada. (5)
Lassa! e ja era per los meus aviada:
E si que hanc no fui en vers ells errada,
¿E per qual raysó m' han donchs exoblidada?

VIII.

Negat ha Sant Pere lo meu fill per pahor,
La qual hac dels jueus: ¿e no la hac major
De mon fill glorios qui es son creador?
E tú, Pere, qui eres un pobre pescador,
¿Has negat lo meu fill qui t' es honrat Senyor
E qui tú ha elet esser procurador
De totes ses ovellas, de qui t' ha fet pastor?
- Pere, dix la regina e dona de valor,
Tant fort mi has treballada per la pauca amor
Que aguist a mon fill per pauca de temor
De presó o de mort, per qu' em planch e' m plor,
…........

IX.

Estava lo meu fill entre´ els jueus cluchat;
Cascún colps li donava, dient: - ¿qui t' ha tochat?
Pus que tu 't fas profeta, devina veritat. -
Estava lo meu fill pacient e sanat
Per donarnos eximpli de gran humilitat
E de gran paciencia; perque fá gran pecat
Qui no pren son eximpli qui tant li ha costat
E qui no fá ço que pòt com él sia honrat.
Ah senyors! com son trista com tant pauch es amat
Lo meu fill Deus, qui nos ha tant donat,
E que per nosaltres es tan fort avilat.
¿Ha negun entre vos qui n' haja pietat?

X.

Pres es estat mon fill e per villania;

En la sua cara cascun li escopía;

Cara de Deu e home e on tot bé havia

En que veig escopir si ella podía

En ella escopir negú no y jaquía

E tant estava gran la inmundicia

Qu' en ella pausaven, que com la vesía

D' ella no‘m venia lo gaug que solía;

E car a ella, lassa, venir no podia

E que la denejás un pauch no moria.

Ah cara gloriosa, d' on joy me venia!

E com gran gaug hauria si tocar vos podia!

XI.

Per la cara e' l coll veig lo meu fill ferir
Ab las mans, e no 's mou, tant ama soferir
E seu trista e esper quant s' en volrán jaquir.
¡Ah cara a qui tany honrament e servir
E que hom vos deman perdó de son fallir,
Que en axí vos veig colpejar e´scarnir
Per tant malvat jueu! ¿com se pòt abstenir
Que no plor e no faça mant amargós sospir?
Ah coll tan pacient! ¿com podets sostenir
Tan spés feriment, ni eu com puch vivir
Vesentvos per tant hom tan fort envilanir,
Ni los malvats jueus no ugar de ferir?

XII.

Ah trista de mon fill! ¿e con es deshonrats
Entre los mals jueus e homens armats
Qui l' escarnexen com si hagués peccats!
Ah jueus plens de mal e no escarniscats!
Aquel per qui serets jutjats e flastomats
Lo dia del judici per ço col deshonrats
Quant adonchs vos dirá: - Anats, malavirats,
En lo foch infernal, on tots temps estiats,
Car mi encolpavets de ço d' on sots nafrats!
Ah fill! per piétat un pauc mi esguardats,
E ab vostre veser a ma pena ajudats,
Car en vos scarnir es mon cor treballats.

XIII.

Despullat es mon fill e tot quant ha li par,
Cell qui es ver Senyor de terra e de mar,
No ha un petit drap de qu' es puscha abrigar.
Ah lassa! tant lo veig en aysi nutz estar,
E per los fals jueus tant fort vituperar,
Ab pauch no pert lo seny e' l cor vòl esclatar;
- Senyors! aquest meu vel placiaus en él pausar:
Cells com a enemichs no´m volen escoltar.
Ah fill gloriós! pus vos lexats despullar,
De vostra ignocencia nos vullats adossar:
Car eu no payria l' escarns qu' eus veig far (6),
Ne car eu, lasseta, nous puch abraçar. -

XIV.

Trista fui e marrida quant viu lo meu fill ligat,
Fill qui está Senyor de tot quant es creat;
Fill que hanc mays no feu falliment ni pecat;
En aysi com anyell que hom ha degollat,
Qui en res no ´s defen e 's mon fill sanujat
Per pendre e ligar a la lur volentat,
Los braços tant forts ab un filet delgat: (7)
Mas açó éll sofería per sa humilitat
La divina natura qui tant l' ha exalçat,
Que tot quant ha creat a éll ho ha donat
E ab éll ajustada es hom e deytat. -

XV.

Estaba Jesu-Christ a un pilar ligat
E per dos forts ribaúts fortment era açotat,
Que lo cuyr dels costats n' havian tot levát.
Cridava la doncella: - ¿Ahont es pietat?
Ah jueus traidors! e com es gran crueltat
En lo vostre coratge ple de gran falsedat! -
Cridava la regina en alts crits a Pilat,
Que falsament havia son fill a mort jutjat:
Car en null falliment no l´havia trobat.
- Ah fill! dix la doncella, e com sots malmenat!
E com lo meu cor ab qu' eus he tant amat
Está en gran dolor e per vos treballat!

XVI.

De dos grans fusts fo fayt un molt greu bastiment
Per ço que lo meu fill en éll sofris turment,
Fayta' n fó la crotz on pren reperament
Trastot l' humá genre (8), e per avilament
Sobr´ el coll de mon fill lo posaren vilment,
Com si éll fos bastax li feren manament
Que éll portás la crotz qui pesa malament,
E per lo greu pes e per lo greu bastiment
Del seu cors glorios de tot mal ignocent.
E eu, lassa, qu´havia fort gran pesament
Cridava als senyors: - Fayts li 'n tost acorriment!

XVII.

Com mon fill fó al loch on fó crucificat,
E en subines ells l' hagueren envessat,
E ab tres claus en la crotz forment lagron clavat
E de cascuna part cascú clau rebavat
Per ço que la pena fos en majoritat,
Car envers la terra estaba regirat (9),
La sanch qui' s decorría tot era calcigat,
Cascun son peu torcava e era despagat,
Com a la sanch de mon fill l´havia acostat,
Sanch qui de font exia de home deytat,
E quant eu lo volia baysar era' m vedat;
Ah lassa! ¿com no muyr o no m' est ajudat?

XVIII.

Per ço que al meu fill fos donat gran turment

E que fos escarnit per trastota la gent,

Ab corona d' espinas e cascuna punyent

Coronaren mon fill quax qui fá honrament

A rey per son regisme com pren honrament;

E cascuna espina entrava tant fortment

Per lo cap de mon fill que tot era sanguent,

E per tota la cara era decorriment,

Del cap tro als peus, mas la angoxos turment

Que eu, lassa, havia no es home vivent

Qui lo pogués pensar, car sols l' esguardament

Que mon fill me fasía m' era quax foch ardent.

XIX.

Com dreçaren la crotz e mon fill pendut vi
En aquell punt un gran colp en mon cor sentí
De tant gran dolor que un pauc no ´m morí:
E la sanch e suor que d' aquell cors exí
Reguá lo payment, perqu' eu adonchs n' haguí
E bayselo molt car, mes per ço nos pertí
La ira ne dolor, ans tota me scarní
Quant sentí aquell sanch que Deus volch pendre en mí.
De mentre que mon fill penjava (¡O) en axí,
Cascun lo deshonrá e cascun lo escarní;
E' l meu fill callava, é ´l cap tenia clí
E al peu de la crotz Sant Johan era ab mí. -

XX.

Esguardá Jesu-Christ sa mayre e Sant Johan,

Ab esguart angoxós com a hom engoxán,

E dix a Sant Johan: - Ma mayre te comán;

Ella sia' n ta guarda duy may en aván:

E vos, mayre e dona, prenets per fill Johan. -

Trista quant eu viu que de mí feu comán

Cell qui no' m lexava nulla hora en quan,

Adonchs mi sentí sola e pensí en están

Que lo meu fill moría e que en gran afan

En aquest mon viuría, on visquí beneran

E ´n estar ab mon fill al qual dix en plorán,

- ¡Ah fill! menem ab tú, per mercé t´ho demán! -

XXI.

De mentre Jesu-Christ en la crotz pendía
En alts crits cridá que gran sed havía,
Car tota humiditat de son cors exía,
En sanch e en suor e per villanía;
Beuratje molt amar que sed no 'n havía
De sutja e de fel vinagre on metía
En la sua boca que mal no desía,
Boca douça d' amor e qui no mentía.
Ah, lassa marrida! ¿com tanta aygua sia,
Que es aço que mon fill, pus tant lo volía
No 'n pogué gens haver pus creada l' havía?
Trista fui quant no li 'n poguí dar aquell dia!

XXII.

Sentia Jesu-Christ en la crotz gran turment
Per las nafres dels peus, e per lo posament
De la sua persona, car en dislungament
Era de sos nirvis è p' el coronament
De cascuna espina que era trop punyent
En cara que havía aytant gran sentiment
De pena e dolor, com fó lo falliment
De tot l' humá linatge e de li primer parent,
Per ço que en fos fayt nostre reperament,
Altre dolor havía Christ en son pensament
Quant vesia sa mayre en tan gran languiment,
Encara que son cors mays fort n' era sintent.

XXIII.

Sentia nostra dona per son fill grans dolors,
Tant que tota estava en sospirs e en plors:
E en axí temblava com fembra per pahors (11)
Lo seu cors sant verge tot era 'n grans suors,
E lo cor se depertia per força de langors,
Tant gran dolor havía que hanc no' n fó majors.
Las suas mans torcía, e cridava: - Senyors!
Volentera morría, car les grans deshonors
E la pena que dats a mon fill, qui amors
Lo fan morir en crotz per tuyts li peccadors,
Mi costrenyen tant fort mon cor ab amargors
Que tot se desleya e´s baxa en dolors (12).

XXIV.

Levava nostra dona les mans e´ls uyls al cel,
En altes votz cridava: - L' arcangel Sant Miquel, (13)
Cherubin, Seraphin, Gabriel é Raphael,
Avallats e vejats esta mort tan cruel,
La qual fan a mon fill li malvat infael,
Sens que éll no ha colpa, ans es estat feel
Al payre qui 'l tramés en mí per Gabriel:
Veus com mor de séd e donenlí de fel
Ab sutja e vinagre, pus contrari a mel
Que no es foch ardent a pluja ni a gel.
Ah Senyor! ajudats, car hanc Cayn d' Abel
No hac mes crueldat com han aquest infael.

XXV.

Cridava lo Senyor qui morí en la crotz
Al seu payre Deu, e gitava sanglotz
Per angoxa de mort que soferia per tots:
- Oh Sant Pare, mon Deu! Vos qui tan bell sots
Pren lo meu esperit car mudar lo pòts
D' Adam e los prophetes e desligaralnots
Del pecat original qui estava en tots.
Ah Payre gloriós! vullats ausir ma vots
E perdonats est layre qui pres mi es en crotz,
Car en mí se confia que eu lo guart de lots
Hon estan li demoni en l' abís mays de sots,
Los quals tracten ma mort e fan d' ira fals mots.

XXVI.

Extremis Jesu-Christ è reclamet Ely, (Elí, Elí, lemá sabakhtháni?)
Qui es entrepetat: "Tú qui est Deu de mí, (14)
Deus de l' humanitat la cual el relinquí,
En lexarla morir mas d' ella no' s partí (15),
Mas volch que morís per ço que hagués fí
L' original peccat que per sa mort delí."
E adonchs Jesu-Christ espirá e morí.
En lo punt de la mort lo sol s´escuray
E si 's feu la luna, e 'l temple s´estomí;
Morí en quant hom, no en quant era daví:
Sa mayre qui´l viu mori al soll casi se jaquí,
E dix a la mort: - Ah mort! portatsne a mí!

XXVII.

Al cors de Jesu-Christ estava restaurat

Un fort petit de sanch per ço que calcigat

No fos per els jueus; mas Longí al costat

Lo ferí ab la lansa e ha lo cor trancát

D' on exí aygua e sanch que ha Longí tocat

En los ulls perque ha son vesér recobrat,

E d' aygua e de sanch fó lo payment rosat.

Maravellás Longí quant vi la claredat,

E de la mort de Christ hac molt gran pietat,

E penedís molt fort com lo hac nafrát,

E eu, lassa, com viu que Longí fo sanát,

Dix als jueus: - Vejats com havets trop errat!


XXVIII.

Quant viren los jueus que Christ fo trespassats,

Cascun lo lexá, e fó acompanyats

De sa mayre e Johan e no d' altre home nats.

Lo dól qu' abdos fasien no pòt esser comptats:

De mentre axí ploraven e mitg jorn fo passats

Joseph d' Arimatias qui era molt privats

De Jesu-Christ, demaná a Pilats

Lo cors de Jesu-Christ e ha li atorgats:

Si qu' éll e Sant Johan de la crotz l' han levats

E la douça puella prenlo en los seus brats,

E ‘n un nou moniment l' han tots tres pausats,

Ab una nova tela en éll l´han soterrats.


XXIX.

Maria Magdalena vench al moniment

On trobá la regina en desconsolament,

E si' s feu Sant Johan e pregá humilment

La puella d' amor que vingués mantinent,

Al hostal e prengués un pauch de recreament (16).

- Ah! dix la regina, tan greu depertiment

Es aquest que eu fas de mon fill, car no sent

Virtut ne força en anant ne en sient. -

E adonch la regina donant baysament

A la peyra del vás ab tal suspirament,

Que pauch no fó son cor ab gran esclatament,

Vench ab Magdalena en ella sustinent.

XXX.

Quant abdos foren vengudes a maysó,
Maria Cleofé e María Salomó
Estaven en la cambra en desconsolació;
Quant veren la regina que no‘ls dix oc ni no (17),
Car quax morta estava, mudaren lo sermó
Que elles li dixeren, no doná responsó,
Car pres era de mort per la greu passió
Que membret de son fill que a greu tort mort fó,
E' sguardá la regina ça ella enviró
Si veuria son fill rey de la mar e l' tro...............

XXXI.

De mentre nostra dona estava en plorar
E en torcer ses mans e en suspirs gitar,
A l'hostal vench Johan e volc la consolar.
La regina que plorava hanc no ´s pòt star (18)
Que ab ella no plorás e si volch esforçar;
Dix a la regina que no volgués membrar
Lo seu fill e sa mort per ço que repausar
Poguessen, car no ho poría molt durar.
- Ah Johan! dix la donçella, no sabs be consolar
Car en membrar mon fill mort no‘m pòt sobrar (19)
E si lo oblidava fallir mi ha amar,
Perque eu te prech fill qu' em vulles d' éll perlar.

XXXII.

Finit es aquest plant qui es tan dolorós,
De la Verge regina mayre de peccadors,
Lo qual vòl que canten los grans e los menors
La douça doncella qui es dona d' amors;
Perque eu Ramon Lull qui del cant ay dolors
Do als uns e als altres per ço qu´ els langors
Membren de nostra dona e la gran deshonors
Qu' es fayta a son fill per Prelats e Senyors,
Car en la Terra Sancta no fan dir lausors;
E si nostra dona hagués ara dolors
Quant tant pauch honren son fill, les hagrá majors.
A vos Verge regina coman est cant d' amors.

VARIANTES.

(1) En veser son Deu fill que haút havia,

(2) E tots temps ha fayt bé é falliment no fó.

(3) Ah Judas traidor! ¿per qual intenció

(4) Tuyt li seu companyon e 'l jueu mal apres.

(5) Que apenas mi sostench, tan fort son castada,

(6) Car eu no poria l' escarns qu' eus veig far,

(7) Los braços tant forts ab un filet ligat.

(8) Trastot l' humá linatje, é per avilament

(9) Car envers la terra estava regitat,

(¡O) De mentra que mon fill pendia en axí,

(11) E enaxí semblava com fembre per pahors

(12) Que tot se desfasia e 's baxa en dolors.

(13) En altas votz cridava: - L' angel Sant Miquel,

(14) Qui es interpretat: "Tu qui est Deu de mi

(15) En lexarse morir mas d' ella no parti,

(16) Al hostal é presés un pauch de recreament.

(17) Quant vereu la regina que no' ls dix oc, no,

(18) La regina que plorava mic no' s pòt estar

(19) Car en membrar mon fill, la mort no ‘m pòt sobrar,

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Las estrofas VIII y XXX están incompletas en los dos códices que tenemos a la vista.

Entrada destacada:

El català de l'any 842, Strasbourg

SERMENTS  PRÊTÉS A STRASBOURG EN 842 PAR  CHARLES-LE-CHAUVE , LOUIS - LE-GERMANIQUE ,  ET LEURS ARMÉES RESPECTIVES. (Nota del editó,  Ramón ...